“El presidente debe recuperar la confianza plena de los mexicanos”
Justicia y seguridad pública
Alfredo Rios Camarena
Para los mexicanos, la muerte ha sido un acompañante a la que rendimos pleitesía, como en nuestras fiestas del 2 de noviembre o como el culto a la Santa Muerte; en nuestras tradiciones ancestrales que forman parte de las raíces culturales de nuestra nación, hemos contemplado la muerte con respeto pero sin miedo, de hecho la hemos enfrentado en los grandes movimientos históricos de forma brutal; basta recordar las terribles matanzas en la Independencia, las luchas de la Reforma y las guerras fratricidas que se dieron en la Revolución. La vida no vale nada y, en nuestra forma de ser, por una mujer o por una copa, podemos matarnos sin temores.
Sin embargo, lo sucedido con las aberrantes acciones del crimen organizado demuestran una crueldad inusitada, desalmada y cobarde, todos los homicidios generados por estos grupos criminales han sido proditorios; inexplicables, brutales y horrendos, no hay suficientes calificativos para definir la estupidez de esta nueva forma de muerte genocida y dramática.
¿Cómo explicar el asesinato de los normalistas de Ayotzinapa, que ha sido una llaga en la sociedad contemporánea y que ha tenido mayor reacción colectiva?; y más grave aún, está probado que fuerzas del orden público como las policías de Iguala y Cocula participaron en estos dantescos acontecimientos.
Todo indica que la narrativa del procurador Jesús Murillo Karam ha sido correcta, y aun cuando ha sido cuidadosa la confirmación del ADN de Alexander Mora Venancio despeja las dudas que pudiéramos tener. Claro está que la indignación de los padres los mantiene en una esperanza difícil de sostener, pero respetable; no así los grupos que están queriendo propiciar un desorden social para defender sus intereses frente a la aplicación de la reforma educativa o para crear condiciones de ingobernabilidad con intereses antinacionales.
El camino que plantea el Ejecutivo federal es correcto: primero, llevar hasta sus últimas consecuencias la persecución de quienes aún no han sido aprehendidos y dar una explicación de lo que pasó y porqué; segunda, establecer una serie de reformas en materia de procuración de justicia y de seguridad pública.
El camino es largo, pero se debe intentar hacer una limpieza en el Poder Judicial federal y local, en los ministerios públicos federales y del fuero común y en el Consejo de la Judicatura; realizar una auténtica reforma penitenciaria; y, por supuesto, el establecimiento del mando único de la policía con sus respectivas reformas constitucionales a los artículos 115 y 116. Temas sencillos de enumerar, pero difíciles de procesar y de ejecutar, pues la corrupción está enraizada en estas instituciones desde tiempo inmemoriales.
El presidente debe recuperar la confianza plena de los mexicanos y actuar sin contemplaciones, con energía, con decisión y con patriotismo.
