CHARLAS DE CAFÉ

Charla con Juan José Rodríguez/Autor de La novia de Houdini

 

 

Eve Gil

De Juan José Rodríguez nunca sabremos qué esperar, excepto grandes novelas, quizá porque, según sus propias palabras, “con la literatura hay que hacer magia y no ilusionismo”.

Y en ese sentido, La novia de Houdini no es la excepción. Nos sorprende con una historia absolutamente mágica —en más de un sentido— y reafirma su voluntad de no repetirse.

“Hay quienes dicen que mi estilo no está definido —señala Juan José, con esa perpetua sonrisa que se refleja como en un espejo a través de su grata narrativa que incita al lector a encariñarse con el autor, aun sin conocerlo—, pero precisamente por eso admiro a Stanley Kubrik, porque ninguna de sus películas tiene nada que ver entre ellas. Mi siguiente novela, por ejemplo, será sobre un tipo que anda por África. Anduve por allá hace algunos años, de hecho llevo bastante tiempo pensándola y por fin ya la estoy escribiendo”.

Mi primer libro, uno de magia

La novia de Houdini, además de ser una historia amena, narrada con maestría y sin alardes, desvela la maquinaria detrás de los actos de magia y escapismo que nunca dejan de fascinarnos, pero, cosa curiosa, lejos de decepcionarnos con el, llamémosle, “desenmascaramiento” de los grandes magos e ilusionistas, nos revela la verdadera magia que impregnan sus vidas.

“Los datos de la magia y de la vida del México —dice Juan José— de los años veinte tuve que cotejarlos y estuve varios años checando libros de magia. De hecho, el primer libro que leí en mi vida fue uno sobre magia. Desde pequeño me propuse averiguar por dónde salía el conejo y si la chica cortada por la mitad quedaba realmente completa. Era muy aficionado a Chen Kai y llevé incluso una vida medio circense. He trabajado en un circo, he hecho giras con grupos de teatro en promoción cultural y conozco mucho de ese estilo de vida tan intenso, estar en proyectos artísticos bastante locos. No hay mucha diferencia entre estos artistas que andan en la legua y los pasivos, como los escritores o los pintores. De cierta manera es más real el mundo de la creatividad que lo que los demás llaman «vida real»”.

El amor se nos presenta como una suerte de magia cuando el protagonista contempla por primera vez un acto de escapismo de Florissa, la escapista mejor conocida como “la novia de Houdini”, que pertenece a una compañía de paso por Mazatlán. No solo descubre el amor, sino también la posibilidad de una vida plena más allá de las cuatro paredes de un despacho y de una casa.

“Toda novela —dice— debe iniciar con una irrupción en la realidad. Algo que rompe. Aquí todo empieza con un tipo tranquilo y anodino en cuya vida irrumpe la magia, sin él llamarla, y termina por volverse parte de ella, y en cierta medida, como ya dije, se trata de una experiencia autobiográfica. Se vuelve más seguro de sí y hasta deja de escuchar su insidiosa voz interior”.

“Yo solía ser muy callado —agrega—, tímido, introvertido, pero en cuanto empecé a participar del carnaval me volví extrovertido, aunque no renuncio al placer de callar y encerrarme. A este chico el amor le juega una mala pasada, porque ella trae su juego, pero son estrategias de ustedes, las mujeres y a nosotros, pobres, nos cuesta mucho entenderlo”.

 

La escapista que sí existió

La magia, como casi todos los terrenos, parecía otro centro de dominio masculino donde las mujeres solo fungían como accesorios. Florissa, en cambio, es una estrella del escapismo, y aunque se trata de un personaje ficticio, Juan José se apoya en mujeres reales, pocas en realidad, que destacaron en este campo.

Dice Juan José:

“Pensaba hacer que una mujer triunfara en un mundo de hombres y dominara a todos con su cuerpo, pero en toda la extensión de la palabra, no como suele interpretarse. Me refiero a sus habilidades para el escapismo. Generalmente, cuando una mujer irrumpe en un mundo de hombres, surgen la locura y el conflicto, y sin embargo yo la hice prudente e intuitiva, de manera que se ganara el respeto de todos. Por supuesto, es también, un homenaje a esas mujeres que rompen paradigmas”.

“Una de las cosas que más me pesa —agrega— haber «podado» de la novela es una parte de la vida madrileña de Florissa, que ella escribe en el diario que deja como al descuido en el catre del protagonista, y en cierta manera también quise hace un pequeño homenaje a los inmigrantes españoles en Sinaloa. No obstante lo anterior, Florissa es del mundo, sin importar su lugar de nacimiento. Es lo bastante ambiciosa para retar a la muerte y, al final, realizar su gran escape”.

Pregunto a Juan José sobre un personaje que intuyo real, Juliana Möbius, a quien consideraban la única rival digna de Robert Houdini, y contra los que los seguidores de éste complotaron para sacarla de combate.

“Sí, existió la escapista, quien estuvo a punto de quedarse ciega porque los asistentes de Houdini que le incendiaron las córneas mientras luchaba con los grilletes, y en la ficción le traspasa sus secretos a Ludovico para que opacara a su rival, pero por desgracia tuve que cambiarle el nombre porque extravié el dato”.

Pregunto al autor por qué si tanto le apasiona la magia y la vida errante de las compañías circenses —que a veces confundimos con los gitanos y que tanto en el norte de México como en España denominan “húngaros”— nunca intentó ser mago.

“Claro que lo intenté, pero descubrí que no se me da porque tengo las manos muy pequeñas y delgadas”.

Juan José Rodríguez, autor de otras tantas novelas entre las que figura su extraordinario debut, Asesinato en la lavandería china o El gran invento del siglo, bien pudo autorretratarse —o hacerse un selfie literario— en las siguientes líneas de la novela que nos ocupa, aunque se las atribuya al personaje del mago Ludovico:

“Existe gente con un gran encanto para compartir con sus oyentes los motivos y situaciones descubiertas al despertarse en su camarote y no encontrar jabón o caer en cuenta que se dejó la puerta abierta toda la noche. Aprendí que para ser un agradable personaje de salón no hay nada como reírse de uno mismo y ser siempre natural”.

Juan José Rodríguez nació en Mazatlán en 1970 y La novia de Houdini la publicó Océano, Hotel de letras, México, 2014.

evetrenza14.blogspot.mx