Themis y Némesis

José Elías Romero Apis

¿Hay un futuro para la justicia mexicana? ¿Dónde podremos reencontrar el camino?

En la teología helénica existían dos deidades femeninas que representaban a la norma y a su aplicación. Una de ellas, Themis, simbolizaba a la ley, concebida como un sistema regulatorio de la conducta de los hombres. La otra, Némesis, representaba a un sistema compensatorio del comportamiento humano. Era, esta, una figura dual. Si la consecuencia del incumplimiento era la prevista por la propia ley se estaba en presencia de una pena. Si, por el contrario, se trataba de un resultado fuera de la previsión legal entonces se estaba ante una venganza.

La ley de Themis ya desde aquel lejano entonces era muy vulnerable. Ya los hombres habían encontrado muchos métodos para derrotarla. La corrupción, la consigna, el abuso, la amenaza, la astucia, la trampa, la ignorancia, la pobreza, la indefensión, la componenda y hasta la política, entre muchos otros.

Pero la ley de Némesis era invencible por naturaleza. Themis y Némesis no eran hermanas pero actuaban como si lo fueran. Cada vez que la primera era burlada, engañada y vencida, la otra aguardaba al licencioso para cobrárselas, por la buena o por la mala, en esta o en otra vida, pero sin el menor descuento y, antes más, con los más usurarios réditos.

Quizá por eso identificaron a Némesis con lo invicto y lo vengativo. Atributos, ambos, ajenos a los hombres porque sólo a los dioses se les consideró invencibles y sólo a ellos se les permitía vengarse.

Todo esto, que lo creí bien comprendido desde muy joven, la vida ha tardado en mostrarme la compleja sabiduría helénica, misma que yo supuse simple y sencilla, debido a mi inexperiencia e inmadurez. Como desde muy joven abracé las doctrina positivista del derecho y de la justicia, paulatinamente me fui alejando del pensamiento naturalista y deposité todas mi esperanzas en la justicia de los hombres, a la que nunca creí ver tan derrotada, tan humillada y, en ocasiones, tan odiada con lo está en nuestros días.

Porque hoy en día, muchos mexicanos consideran, con razón o sin ella, que la ley y las autoridades son las culpables de la inseguridad, de la criminalidad, de la violencia, de la impunidad y de otros pecados peores de nuestra vida colectiva.

A la justicia de los hombres he consagrado mi esfuerzo profesional y, si existe la reencarnación, lo volvería a hacer cuantas veces tenga la ocasión. Más aún, si eso existiera, de seguro volvería a solicitar mi título de abogado el cual he disfrutado porque seguí, para mi vocación y mi fortuna, aquella recomendación de nuestras abuelas en el sentido de dedicarse al oficio que a uno le gusta para nunca tener que trabajar.

Sin embargo, debo reconocer que a veces me gustaría creer en la inmanencia de la justicia.

Bella ensoñación que promete una justicia que no se tuerce, que no se cansa, que no se asusta, que no se equivoca, que no se arrodilla y que no se vende.

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@jeromeroapis