Sara Rosalía

Cada semana surgen nuevas muestras de solidaridad con los padres y normalistas de la escuela rural de Ayotzinapa. Esta vez, la Campaña por la Paz y la Democracia se distingue, en primer lugar, porque a esta declaración se sumaron personajes como el lingüista Noam Chomsky, la cofundadora del grupo Código Rosa Medea Benjamin y el escritor chileno Ariel Dorfman, autor entre otros libros de Violencia e imaginación en América Latina. En segundo lugar, además de la indignación y solidaridad, valiosas por sí mismas, aporta el documento un análisis de lo que se vive en nuestro país. Señala, por ejemplo, la responsabilidad de los Estados Unidos “debido a los acuerdos que tiene con las fuerzas armadas mexicanas para llevar a cabo actos de represión en México bajo el pretexto de la guerra del narcotráfico”.

Este organismo, con sede en Nueva York, califica de “dolientes y valientes” a los padres de los jóvenes desaparecidos y se refiere además a otros miles de víctimas de desaparición forzada. Apoya la idea de una investigación internacional e independiente.

Llaman “crímenes de lesa humanidad” a lo sucedido en Iguala y en Tlatlaya. Hablan de la guerra sucia en los siguientes términos: el narcotráfico coludido con autoridades de todos los niveles “ha brindado una excusa para la renovación de la guerra sucia de la década de 1970, cuando el gobierno mexicano llevó a cabo una gran cantidad de asesinatos y desapariciones forzadas con intención de parar las crecientes protestas y movimientos guerrilleros”.

Aseguran que los actos de represión “están íntimamente ligados a los esfuerzos para eliminar la resistencia a la continua ofensiva neoliberal en México. Esta ofensiva es promovida por intereses empresariales y los gobiernos de México, Canadá y estados Unidos”.

Y continúan: “los cambios recientes en la Constitución mexicana prometen acelerar la expropiación de las comunidades rurales al permitir la privatización del petróleo y otros recursos naturales”.

“Su lucha es nuestra lucha”, concluyen y cierran esta declaración con “¡Todos somos Ayotzinapa!”

El texto completo se envió a los presidentes de Estados Unidos y México y al Primer Ministro de Canadá con 750 firmas.