Juan Antonio Rosado
Nadie duda que cabezas como las de Nietzsche, Rilke y Freud han sido algunas de las más influyentes en el siglo XX, pero pocos conocen a una de las mujeres que intervino con profundidad en las vidas de esas cabezas: Lou Andreas Salomé, una mente excepcional que desafió las convenciones sexistas de su época, que retó a su sociedad al optar por el cultivo del intelecto, la escritura y la autonomía. La narradora María Elena Sarmiento, quien con anterioridad había novelado la vida y el carácter de Jantipa (el amor de Sócrates), nos presenta ahora una novela sobre Lou Andreas Salomé con los ingredientes de una buena narración tras la que subyace la paciente investigación —necesariamente selectiva y, por tanto, parcial— sobre la gente que rodeó a la escritora y pensadora, y sobre su propia vida.
El primer acierto de La más amada es su estructura. Empieza en 1937, en Göttingen, con la muerte de la protagonista, y concluye en ese mismo espacio-tiempo. En medio, los capítulos se despliegan en orden cronológico y alternan la voz impersonal y externa de un narrador observador u omnisciente, con la voz propia e intensa de Salomé, en primera persona. Son relevantes los años ochenta y noventa, en distintos lugares, pero la historia se extiende hasta 1937. El estilo es tan sencillo que a menudo parece contarnos un inmenso anecdotario hilado aquí y allá por el signo rector: Ljola en un principio, y luego Lou, esa rusa que conquistó amigos y enemigos.
La novela se inicia con una Ljola de 17 años pretendida por un pastor protestante. La voz de niña y la mirada de mujer desconciertan al hombre, pero también la mente hambrienta, ávida de conocimiento, y la inteligencia (ingrediente temido en una mujer por cualquier cristiano tradicional). Para Lou Salomé, “el pensamiento era más importante que el amor romántico”, y sin embargo es emotiva la escena en que pierde su virginidad con Rilke, pero sobre todo cuando este último afirma: si es cierto que “Dios no existe y que cada experiencia que vivimos lo va construyendo, anoche recolectamos suficiente material para darle forma”.
Como Lou Salomé se relaciona con distintos intelectuales, la autora aprovecha para exponer partes de las doctrinas de aquellos hombres, desde elementos del pensamiento de Freud y Adler hasta detalles de Tolstoi, con quien Salomé discute. María Elena Sarmiento hace homenaje a una de las mujeres más independientes de finales del siglo XIX, una mujer que se volvió sicoanalista y que en resumen supo vivir para el intelecto, su último hogar, pero que jamás renunció a la vida. Este libro es eso, pero también es un homenaje a la soledad: a la profunda soledad de la inteligencia, “soledad en llamas”, para evocar un verso del poema más conocido de José Gorostiza.
María Elena Sarmiento, La más amada. Suma, México, 2014; 265 pp.
