CIENCIA

Año Internacional de los Suelos

 

 

René Anaya

Sin intención de enviar mensajes subliminales a los jefes de Estado o a nuestro país, las Naciones Unidas declararon que 2015 será un año por los suelos. Por supuesto que no se trata de la descripción de la situación económica, política y social de varios países, entre ellos México, sino de un programa para crear conciencia de la importancia del suelo.

Si se logra ese objetivo, las economías que están por los suelos podrán avanzar en la solución de sus graves problemas económicos, sociales y políticos. Por esa razón, en diciembre de 2013, la Asamblea General de la Naciones Unidas designó el 5 de diciembre como Día Mundial del Suelo (en 2014 se celebró por primera vez) y declaró 2015 Año Internacional de los Suelos.

 

Con los pies en la tierra

En el documento en que se informa de esa decisión, las Naciones Unidas reconocen “la importancia económica y social de una buena ordenación de la tierra, incluido el suelo, y en particular su contribución al crecimiento económico, la diversidad biológica, la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza…”; asimismo destaca que “la desertificación, la degradación de la tierra y la sequía son problemas de dimensión mundial”, que suponen un serio desafío para el desarrollo sostenible de todos los países.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), encargada de llevar a cabo las actividades del Año Internacional de los Suelos, dentro de la Alianza Mundial por el Suelo, considera entre los objetivos específicos de 2015:

—Conseguir la plena concienciación de la sociedad civil y los responsables de la toma de decisiones sobre la profunda importancia del suelo para la vida humana;

—Educar al público sobre el papel crucial que desempeña el suelo en la seguridad alimentaria, la adaptación y la mitigación del cambio climático, los servicios ecosistémicos esenciales, la mitigación de la pobreza y el desarrollo sostenible;

—Promover inversiones en actividades de manejo sostenible de la tierra para desarrollar y mantener suelos saludables para los diferentes usuarios de la tierra y grupos de población;

—Promover una mejora rápida de la capacidad para la recopilación de información sobre el suelo y la supervisión a todos los niveles (mundial, regional y nacional).

Con estas acciones, se podrá fortalecer al suelo, nuestro “aliado silencioso”, como ilustrativamente lo calificó José Graziano da Silva, director general de la FAO, con motivo del Día Mundial del Suelo. En esa ocasión señaló que “por desgracia, un tercio de nuestros recursos mundiales de suelos se está degradando y la presión humana sobre ellos está alcanzando niveles críticos, reduciendo, y en ocasiones eliminando, las funciones esenciales del suelo”.

 

Una investigación bajo tierra

La FAO estima que la degradación de los suelos se debe a la erosión, compactación, obturación, salinización, agotamiento de la materia orgánica y los nutrientes, acidificación, contaminación y otros procesos causados por prácticas insostenibles de gestión del suelo. Además, ha advertido que si no se ponen en marcha nuevos enfoques sobre el suelo, la superficie mundial de tierra cultivable y productiva por persona equivaldrá en 2050 a solo una cuarta parte del nivel de 1960.

Este panorama podrá modificase con un “sistema mundial de información sobre los suelos que, proporcionando datos e información fiables podría ayudar a la toma de decisiones relacionadas con la gestión de suelos”, considera la FAO.

Actualmente, se sabe que una cuarta parte de la biodiversidad mundial habita bajo tierra ─refiere la FAO en un documento─ “por ejemplo, la lombriz de tierra es un gigante al lado de pequeños organismos como bacterias y hongos. Estos organismos ─incluidas las raíces de las plantas─ actúan como los agentes principales que impulsan el reciclaje de nutrientes y ayudan a las plantas mejorando la ingesta de estos, contribuyendo a su vez a la biodiversidad por encima del nivel del suelo”.

Un mejor conocimiento de estos factores podrá mejorar la calidad de los suelos, por lo que la Alianza Mundial por el Suelo promoverá “la investigación y el desarrollo edafológico focalizado y centrado en las brechas y prioridades que se hayan identificado y las sinergias con acciones relacionadas con la producción, desarrollo ambiental y social”; así como también el “mejoramiento de la cantidad y la calidad de los datos e información edafológica: recolección de datos (generación), análisis, validación, presentación de informes, monitoreo y su integración con otras disciplinas.

El avance en estas actividades contribuirá a tener suelos sanos, como ha señalado Graziano da Silva, pues “no solo constituyen la base para los alimentos, combustibles, fibras y productos médicos, sino que también son esenciales para nuestros ecosistemas, desempeñando un papel fundamental en el ciclo del carbono, almacenando y filtrando el agua, y mejorando la resiliencia ante inundaciones y sequías”.

reneanaya2000@gmail.com