Resonarán los sones cubanos como nunca
Mireille Roccatti
Esta noche vieja en La Habana, al celebrar el 56 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, con la huida en plena celebración del dictador-sargento Fulgencio Batista, estará en el centro de la atención la histórica decisión del presidente de Estados Unidos Barack Obama de renovar las relaciones diplomáticas con la isla, rotas el 3 de enero del lejanísimo 1961.
Y en los recuerdos de los viejos, los que quedan en la isla y los del exilio, se agolparán los recuerdos de los jóvenes barbudos que llegaron en el histórico Granma, procedentes del puerto de Tuxpan, en el hermano México, quienes se remontaron a la Sierra Maestra y aliados con otras fuerzas que buscaban derrocar la dictadura, entraron triunfantes en la Habana, tras una serie de combates propios de la guerra de guerrillas y otras batallas urbanas como la de Santa Clara, liderada por Ernesto, el Che Guevara. Y luego los fusilamientos de los “enemigos de la revolución” en el Cuartel Moncada.
Otros recordarán cómo tras el triunfo se dividen los revolucionarios sobre el alcance del proceso y cómo la propia ceguera estadounidense —que no entiende que se encuentra frente a un fenómeno diferente a las revoluciones bananeras que sólo buscan cambiar de dictador— propicia que la revolución se defina como marxista leninista.
Luego vendrá la contrarrevolución y el éxodo a Miami, la categorización de éstos como gusanos y posteriormente su entrenamiento militar para invadir la isla y su estrepitosa derrota en Bahía Cochinos. Sin olvidar los innumerables intentos de la CIA por matar a Fidel, el que como el anuncio “sigue tan campante”.
El contexto internacional en que suceden estos hechos —con apretada narración— es, no hay que olvidarlo, la denominada “guerra fría” que enfrentó política, ideológica y económicamente el socialismo contra el capitalismo; la URSS contra EU.
Y en América Latina, pagamos un alto precio dentro de ese enfrentamiento, producto de la efervescencia revolucionaria por el triunfo de la Revolución Cubana; en una gran parte de nuestros países tuvimos movimientos guerrilleros urbanos y rurales y su colofón fueron sangrientas dictaduras militares que mataron en flor los mejor de los jóvenes de nuestros continente. Y aun en países como Chile, donde el socialismo ganó el poder por la vía electoral, la burguesía nativa aliada con los intereses estadounidenses ahogaron en sangre ese proceso democratizador.
La historia nunca se detiene, por eso, hoy testimoniamos cómo las mismas fuerzas democratizadoras que buscan mejores condiciones de vida para sus pueblos hoy se encuentran en el poder en la mayoría de los pueblos hermanos latinoamericanos.
Y en esa perspectiva histórica debe analizarse la rectificación política estadounidense de reconocer que más de cincuenta años de cancelar las relaciones y de imponer un injusto bloqueo económico estaba equivocado. Sin olvidar que existen otros factores geopolíticos globales que forzaron tomar esta decisión.
Dos reflexiones finales: los sobrevivientes del exilio sí podrán brindar en su tierra el año próximo, como añoran cada fin de año, y el futuro de Cuba deben construirlo los cubanos sin injerencias externas. Y este año nuevo resonarán los sones cubanos como nunca. Viva Cuba.
