México-Estados Unidos

Alfredo Ríos Camarena

Para los mexicanos siempre ha sido de importancia fundamental las relaciones con los Estados Unidos con los altos y bajos a lo largo de nuestra historia: desde la mutilación de nuestro territorio a través de una injusta e imperialista guerra, hasta los mejores escenarios de colaboración recíproca.

En cualquier forma, el determinismo geográfico nos obliga a obtener lo mejor de esta compleja y difícil relación, que ha modificado su objetivo a partir del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá.

En efecto, nuestras exportaciones e importaciones han aumentado, sin embargo, el mercado interno se ha visto afectado seriamente frente al desmantelamiento de nuestra política agroalimentaria, que ha perdido su autosuficiencia que alguna vez tuvo.

Es determinante que iniciemos el año con una reunión bilateral, que al parecer fue convocada, o anunciada unilateralmente por la Casa Blanca, y días después la cancillería mexicana hizo alusión a la reunión subrayando que se trataría el grave asunto de los desaparecidos de Ayotzinapa. Los Estados Unidos habían ofrecido su colaboración en la inteligencia y la investigación de los hechos, que han conmocionado a buena parte de la sociedad contemporánea; si bien es cierto hay una cooperación en dichos temas y el presidente Barack Obama afirmó que estos asuntos son de competencia única de la soberanía mexicana, no deja de ser extraño —por no decir injerencista— que este tema se maneje en un escenario bilateral, es como si nosotros pretendiéramos intervenir en las feroces represiones de las policías norteamericanas que han asesinado impunemente a muchos jóvenes, como en el caso específico de la localidad de Ferguson.

No obstante, saludamos con beneplácito que la agenda bilateral trate asuntos de carácter cultural y que el presidente Peña Nieto haya expresado su simpatía a dos temas que el presidente Obama ha resuelto en función de su competencia como Poder Ejecutivo sin necesidad de acuerdo con el Congreso: la incipiente reforma migratoria y las relaciones diplomáticas con Cuba.

En la agenda económica se volvió a tratar el tema de las reformas, y particularmente de la energética, que abre el tema de definir las fronteras del Hoyo de Dona que incumbe no sólo a México y a Estados Unidos, sino también a Cuba.

El proceso de apertura energética está condicionado severamente por los bajos precios internacionales del petróleo, el decaimiento de la producción nacional y por la ligera devaluación que ha sufrido el peso mexicano frente al dólar; estos elementos no deben ser justificantes para una entrega de las mejores oportunidades de explotación en aguas someras —las inversiones extranjeras, como se nos dijo originalmente, deben estar enfocadas a la explotación de aguas ultraprofundas—, tampoco justifica el antiecológico sistema de fracking.

Nuestra relación con el imperio no es ni ha sido fácil; darnos a respetar como nación soberana en el marco de la colaboración es complicado y sólo se puede lograr con clara voluntad y acendrado patriotismo.