REPORTAJE

 

¿Por qué en Francia?

Ofelia Alemán García 

Horror y muerte bajo los escombros de las Torres Gemelas y parte del Pentágono, eran las 8:46 de la mañana del 11 de septiembre de 2001 cuando se abrió una puerta del infierno en la tierra. Legiones de militares estadounidenses se trasladaron a Afganistán primero, y luego a Irak, persiguiendo a un puñado de musulmanes fundamentalistas.

Dijo el expresidente George W. Bush en enero de 2002: “Tengo la esperanza de que las demás naciones escuchen nuestro llamado y eliminen a los parásitos terroristas que los amenazan […] Algunas naciones serán tímidas para afrontar el terror. Si esos países no actúan, Estados Unidos sí”.

Con el tiempo, algunas líneas de análisis sugieren que el ataque a las Torres Gemelas no fue del todo una terrible coincidencia. Un año antes del sangriento escándalo del 11-S, Alan Greenspan, el entonces presidente de la reserva federal de Estados Unidos, habría anunciado al mundo la nueva economía después de lo que se consideró el periodo de expansión económica más largo desde la última crisis mundial en los años setenta. Las predicciones inflacionarias de la economía estadounidense no tardaron mucho en desvanecerse hasta llegar a los umbrales de la recesión. ¿Estados Unidos en crisis? En el boletín 2001/4, publicado por The Levy Economics Institute, John Kenneth Galbraith, afamado economista keynesiano de origen estadounidense declaraba que el gobierno debería invertir en oficios más productivos como en la construcción de escuelas, en la mejora en las vías de comunicación, programas de limpieza ambiental, salud, etc. en vez de invertir en cables, módems y fibra-óptica. Y que si ése fuera el caso, entonces tendríamos que replantear nuestras políticas. El costo de las guerras de Afganistán e Irak junto con el recorte de impuestos fue casi del 60% del endeudamiento público en la administración de Bush hijo, según estadísticas del Tesoro estadounidense. (Causes of Deficits since 2001).

Pareciera que las finanzas de la guerra y la reconstrucción habrían tenido el objetivo de reactivar la economía, de salvar al mundo de una crisis mayor. Incluso, hay autores que dicen que dadas las incongruentes fotografías presentadas en la prensa, ningún avión se estrelló en el Pentágono, según La gran impostura de Thierry Meyssan, por ejemplo.

El terrorismo islámico fue entonces muy oportuno. “El objetivo de grupos terroristas como Al Qaeda o Daesh es nutrirse de ciudadanos que puedan ser utilizados como mano de obra para hacer el trabajo sucio, y entonces buscar que sus actos tengan una repercusión a escala global. El empoderamiento mediático les convierte en una opción abierta para muchas personas que viven en condiciones de discriminación y racismo, trabajando como cualquier empresa trasnacional que se aprovecha de las condiciones sociales y económicas del lugar donde opera para que los desposeídos los vean como una marca a la que pueden pertenecer”, comenta Moisés Garduño, doctor en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid.

La crisis de la eurozona

¿Por qué en Francia? ¿Se estarán cocinando intereses económicos detrás de la tragedia de Charlie Hebdo? En esta guía de pensamiento, tal como ocurrió hace 13 años con el 11-S, es difícil dejar de lado el contexto internacional de la caída de los precios del petróleo así como de la prolongada crisis de la eurozona. Hace precisamente un año, el finado “rey del petróleo francés”, expresidente de la petrolera francesa Total, Christophe de Margerie, acaparó los espectaculares en el Foro Económico de Davos con su polémica frase de “Europa debería ser considerada como un país emergente”. Altas tasas de desempleo, España y Grecia, el problema del endeudamiento, la falta de confianza en la recuperación, la baja inflación hacen de Europa un espacio muy crítico. “Francamente, necesitamos un nuevo arranque. Dejemos de pensar que podemos arrancar a partir de cosas que no pueden ser fuente de desarrollo o de crecimiento para nuestros países”, declaró entonces el magnate.

Charlie Hebdo podría reconfigurar el mapa mundial

Hasta ahora los países involucrados en esta manifestación global en contra del terrorismo son Francia en primer lugar, Alemania, Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos no podían faltar (aunque el presidente Obama sí faltó en la foto del Rally del 11 de enero), Malí, aliado francés y español de entrañables pugnas históricas (caso del Sahara Occidental) y el atentado a la tienda judía hace posible que también Israel se una a la cruzada contra el terrorismo islámico. Rusia también se sube al barco: Alexei Pushkov, director de Relaciones Exteriores del Parlamento soviético declaró en The Moscow Times que la tragedia parisina demuestra la importancia de que Rusia y Europa estén unidas para combatir el terrorismo, “no es Rusia quien amenaza la seguridad de Europa sino verdaderos agentes del terror”, declaró.

Las aguas están revueltas y no sabemos hacia dónde se dirijan las fuerzas políticas y económicas. ¿Qué buscan esos intereses? ¿Destruir el Estado Islámico? ¿Son acaso intereses petroleros que buscan incursionar en Oriente Medio? ¿Tendrán consecuencias bélicas y económicas para Europa? Así como en el 11-S, que no podíamos dar crédito a las escenas de los ataques aéreos y que devinieron en más guerra, es posible que ahora el panorama mundial cambie radicalmente. El escenario ahora no es Estados Unidos sino Europa, todos con la mirilla colocada hacia ¿Siria, Irak, Palestina? El mapa geopolítico ocupa dos bloques fuertes e involucra a Rusia del lado europeo. ¿Afectarán estos intereses el suministro de petróleo? “Desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos insistió en materializar la teoría del choque de civilizaciones a través de una campaña contra el terrorismo islámico en la que se fortaleció el racismo, la indiferencia y la discriminación contra los musulmanes. Una vez comenzadas las revoluciones en Oriente Medio, Osama Bin Laden fue asesinado y comenzó una etapa de superación semiótica que llevó a los musulmanes y no musulmanes de la región a dejar atrás las narrativas discriminatorias sobre ellos y a dedicarse a buscar el cambio en sus sociedades. No obstante, con la llegada de Daesh y Abu Bakr al Bagdadi, la estrategia para apagar las revoluciones se ha basado en recomponer el rumbo poscolonial a través del resurgimiento de la islamofobia, ejecutando un duro golpe al multiculturalismo y la traducción cultural entre los pueblos”, recalca Garduño.

Los musulmanes no están interesados en el terrorismo

“El problema para los terroristas es que la gran mayoría de los musulmanes del mundo no está interesada en el terrorismo, y mucho menos en el de tipo yihadista. De hecho, en lo que menos piensan los musulmanes es en enfilarse en una organización yihadista porque la gran mayoría (altamente numerosa) sigue muy pendiente del curso que llevan las revoluciones y contrarrevoluciones en los países del Oriente Medio, independientemente de si viven en ciudades como París, Madrid o Frankfurt. Están muy conectados y ciertamente desprecian el yihadismo”, enfatiza el especialista en Oriente Medio, quien también nos alerta sobre la importancia que reviste diferenciar entre terrorismo e Islam.

El Islam no asesinó a los colaboradores del semanario satírico Charlie Hebdo, sino, más bien, este trágico acontecimiento es una víctima de la islamofobia esparcida en Occidente. “Como evidencia para este argumento, se pueden citar las múltiples y variadas formas de rechazo a este acto por parte de la población musulmana, sus autoridades e instituciones, desde Irán hasta la Universidad de Al Azhar en Egipto, las cuales han descrito el hecho como un acto en contra la libertad de expresión y lo han criticado de la misma forma que condenaron el asesinato de periodistas en otros escenarios a escala mundial tales como Gaza, Siria o Iraq. ¿Dónde estaba la galopante defensa de la libertad de expresión de Occidente ante los asesinatos de periodistas en la última intervención militar en Gaza? La diferencia de la cobertura entre Charlie Hebdo y Gaza es notable. Las manifestaciones contra el Islam, la vida de los periodistas franceses y la promoción de su trabajo han sido el pan de cada día en la televisión y prensa francesa. Pero en los casos de Gaza, o Iraq, o Siria, es difícil recordar los nombres de profesionales de la prensa árabe, los de sus agencias o peor aún, los de sus familias en alguna cadena de televisión europea”, señala Garduño.

Europa en el choque de incivilizaciones: Gracia Mireya

Católicos, musulmanes, ortodoxos, los representantes de los principales cultos en Europa han dado su punto de vista, rechazo o aceptación. Más allá de los intereses económicos que puedan devenir de la masacre de Charlie, Europa sí vive un contexto cultural apabullante. Tan sólo en Francia se estima que de 4 a 6 millones sean musulmanes, “creo que para estos musulmanes que están viviendo en Francia podría no existir vínculo con la tragedia ocurrida, al fin y al cabo escogieron ese lugar para vivir por su historia y apertura, sin olvidar que es la cuna de los derechos del hombre y sería muy lamentable que la gente pudiera pensar que existe tal vínculo y fueran objeto de represalias. Sin embargo, debe existir mucha prudencia en el actuar de la comunidad internacional y no aprovechar este evento para revivir rencores y sentires olvidados, pues las guerras religiosas han marcado la historia de la humanidad y en pleno siglo XX deberíamos rescatar la prédica de ‘mi derecho termina donde empieza el tuyo’ y a pesar de la libertad de expresión que es un derecho de todos, sí se debe tener cuidado al hablar de ciertos tópicos, y la religión es uno de ellos”, opina la doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM, Gracia Mireya Ojeda Marín.

Europa convive con muchas naciones, lenguas, culturas diferentes. ¿Será éste el choque de civilizaciones previsto por Samuel Hungtington?

Más bien el choque de incivilizaciones; el ser civilizado es actuar con inteligencia y prudencia y no con premura. Lo preocupante del caso es que Europa se atribuya la responsabilidad de proteger a la Comunidad Internacional de un enemigo, que puede estar en todos lados, ése es el problema del terrorismo y ello le sirva de pretexto para tomar medidas ilegítimas como invadir, o culpar a inocentes y tener injerencia en territorios ricos en recursos”, aclara la profesora investigadora de la UNAM sobre educación, Estados Unidos, África y organismos internacionales.

Francia rechaza el juego del terrorismo: Carlos Ballesteros

El discurso del presidente francés Hollande celebra que Francia no sea dividida por el racismo. El presidente llama a la unidad nacional y a manifestarse en contra del terrorismo, no del islamismo. Algunas mantas en las manifestaciones por las calles de Francia en contra del terrorismo llevaban frases como “¡viva la república! Yo soy Charlie”. Este resurgimiento del nacionalismo francés, del nacionalismo europeo es una impactante y auténtica reacción de la gente. Una mezcla de xenofobia y de islamofobia, también de defensoría de las libertades, de la libertad de prensa, de pensamiento; es parte todo de un mosaico cultural.

“El impacto del atentado contra la revista Charlie-Hebdo es sumamente importante, pero en un sentido inverso al que pensaron los autores de ese acto criminal. La reacción de la sociedad francesa ha sido una muestra de un rechazo decidido a caer en el juego del terrorismo y permitir la restricción de libertades. Esta actitud ha permitido además aislar a la derecha xenofóbica y oportunista representada por Marine Le Pen. Es deseable que perviva la clara distinción de que la violencia proviene de grupos fundamentalistas vinculados al islamismo que intenta propagar la yihad. Tiene razón Bernard Henri-Levy cuando plantea que el Islam debe liberarse del islamismo, pero también es necesario que Occidente reafirme su herencia laica e ilustrada, como condición para un dialogo intercultural en sociedades que están obligadas a mejorar sus capacidades de integración y reconocimiento de la diversidad de mundos de vida”, afirma contundentemente Carlos Ballesteros, doctor en Sociología por la UNAM, catedrático de esa misma casa de estudios y también colaborador para radio del IMER, radio UNAM y para el Financiero-Bloomberg.

El alimento de la islamofobia: el mejor negocio

De igual forma, diversos medios internacionales informan que “se esperan” más ataques fundamentalistas, concluye Garduño. Es como si la comunidad europea estuviera “esperando” más ataques para manifestarse en contra, pero de quién, ¿del Islam, de los musulmanes

o del terrorismo?

En Alemania, el periódico Hamburger Morgenpost informó haber sido víctima de un ataque incendiario por haber publicado algunas caricaturas del semanario satírico. En Inglaterra, según el diario The Telegraph, el dueño de una cafetería en Londres recibió una amenaza por haber puesto un letrero de Je suis Charlie afuera de su tienda. Los periódicos The Hufftington y The Sunday Times alertaron a la Gran Bretaña sobre 150 posibles yihadistas que están siendo vigilados arduamente por la policía inglesa. “Todos aquellos musulmanes que tengan problemas con la cultura occidental, deberían empacar sus cosas y marcharse”, declaró en televisión abierta el alcalde de Rotterdam en Holanda.

“Como dice Luz Gómez, arabista de la Universidad Autónoma de Madrid, lo anterior no es una forma de justificar el terrorismo sino de explicarlo. De saber que la diferencia que hay entre Islam y terrorismo es tan grande como la distancia entre los años de su fundación pues, cada paso que da el terrorismo yihadista es un paso en dirección contraria a lo que estipula la epistemología islámica. De hecho, hay que recalcarlo, el terrorismo yihadista es un fenómeno estrictamente moderno y minoritario que nace a la par del enfrentamiento con su interlocutor colonial que ha sido igualmente violento y torturador, y que además saquea los recursos de los pueblos y humilla sus culturas”, explica Garduño.

“El alimento de la islamofobia es seriamente preocupante porque nos regresa a tiempos previos al de las revoluciones árabes, justo ahora que vemos conexiones entre Ferguson, Gaza y Ayotzinapa y que escuchamos resonancias en los lenguajes contestatarios de un movimiento a otro a pesar de los océanos que hay de distancia. El regreso al binladenismo, al miedo, al odio y la desconfianza es un acto contrarrevolucionario que desarticula más que cualquier acto de represión, siendo la gente ordinaria, aquélla que quiere un cambio en todo el sentido de la palabra, la más afectada, confundida e intimidada por dicho retroceso. En este acto, la caricatura, la revista o la sátira es lo de menos, pues ha sido sólo el pretexto para que Al Qaeda volviera a tener impacto mediático ya que su lucha es justamente contra el Estado Islámico en cuanto ambas agrupaciones compiten por tener mayor número de futuros mártires. Así, matones, grupos criminales, organizaciones extremistas y otros colectivos generalmente armados, llaman a la instauración de un orden necropolítico basado en el control y uso económico del poder de dar muerte o perdonar la vida a determinadas personas como elemento de empoderamiento, esto para disuadir la crítica social, fomentar el temor en la población, alinear a la gente a un orden preestablecido (su orden), evitar manifestaciones o revueltas sociales que pongan en tela de juicio dicho orden y justificar las políticas militaristas de los Estados detrás de la guerra contra el terrorismo. Con el acto de Charlie Hebdo no pierde solamente el musulmán sino también todas las personas que busca vivir de manera diferente a un orden de muerte perpetrado por los extremismos más bárbaros de nuestra época, pasando desde Al Qaeda, Israel, Boko Haram, Daesh, el Ku Klus Klan y los señores de la guerra que hacen de estas organizaciones sus mejores socios, y de sus víctimas, el mejor negocio”, finaliza.