Un plebiscito
Alfredo Ríos Camarena
El año que se inicia conlleva la misma problemática económica y social por la que hemos venido transitando: Por un lado, los temas de la inseguridad, la acción de la seguridad pública, la construcción de nuevas normas penales, la reestructuración de la procuración de justicia y la aplicación de la justicia a través del Poder Judicial, siguen siendo temas sustanciales que requiere solución en el corto plazo. Por otra parte, el tema de la economía se ha complicado severamente dado que las metas propuestas no se han cumplido; el desempleo es grave aun cuando ha disminuido, la desigualdad y la pobreza han crecido y las soluciones que nos plantean las reformas energética, hacendaria y fiscal, se ven mermadas por el entorno del precio del petróleo, el decaimiento de la explotación y muchos otros factores más que nos avizoran que la solución de la Ronda Uno no será como se esperaba; la macroeconómica tendrá un mayor grado de dificultad para promover el crecimiento y una mejor distribución de la riqueza.
A estos temas fundamentales se incluye también la nula aplicación de la reforma educativa, que fue aprobada para modificar la Constitución y su ley secundaria, está atorada porque la autoridad no ha tomado la decisión de aprovechar las herramientas que construyó para conocer la distribución de la nomina magisterial y frente a la presión política sindical no se ha decidido a realizar una limpieza eficiente que la nación espera.
Frente a este escenario, cobran una mayor importancia los proceso electorales que se avecinan, pues las elecciones intermedias se asumen generalmente como un plebiscito que califican el desempeño del gobierno midiéndose a través del voto ciudadano a favor o en contra del partido en el poder; generalmente estos comicios son poco concurridos y no producen mayor entusiasmo en la ciudadanía a pesar del despilfarro del gasto público, que se refleja ya desde este mes, en campañas a través de spots radiofónicos y televisivos ad nauceam; toda esta publicidad en vez de animar a la ciudadanía, la irrita y la aleja de la contienda electoral y de los fines superiores de la democracia.
La partidocracia sigue siendo la enfermedad de nuestro sistema democrático y la decisión mezquina de las cúpulas se refleja en hechos grotescos como la licencia para obtener una diputación plurinominal del presidente del PAN, Gustavo Madero, su muchacho maravilla y sus aliados, mantienen el absoluto control de ese partido, lo que desemboca en una disminución de su fuerza electoral que reflejan las graves decisiones del PAN disminuyendo su presencia popular y aumentando su verticalismo repudiado por sus propio militantes a cambio de un control miope y férreo que le impide construir una amplia participación en las elecciones federales. Por su parte, la Izquierda enfrenta las críticas de los candidatos chapulines del PRD en el Distrito Federal y se ha socavado por sus pugnas internas, por el gravísimo tema de Ayotzinapa, por la división de sus tribus y el control vertical de los “Chuchos” impedirán la clientela que esperan, esto se agrava con el factor Lopez Obrador representado por Morena.
El PT, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza, Partido Verde lucharan por su supervivencia, mientras que los de nueva creación el Frente Humanista y Encuentro Social, con excepción de Morena, difícilmente obtendrán su definitividad.
Este panorama de descomposición permitirá que el PRI, en alianza con el Verde —y a pesar de los graves temas que mencionamos en el inicio de éste artículo— va a tener la mayoría de votos, y una ligera mayoría en la Cámara de Diputados al igual que en las distintas entidades federativas donde es muy probable que gane como Colima, Querétaro, Sonora y Campeche, será reñido en Nuevo Leon y complicado en Michoacán, Guerrero y San Luis; en el Distrito Federal el PRD sigue actuando irresponsablemente, perdiendo su oportunidad de mejorar su bajísimo rendimiento.
Otra variable de la subsistencia del régimen democrático se debate en el estado de Guerrero, donde la presión de los grupos magisteriales pretenden impedir absurdamente la elección, la autoridad electoral y la fuerza del Estado están comprometidas a garantizar la democracia en todo el territorio.
A reserva de tratar estos temas con mayor acuciosidad la conclusión es que habrá elecciones democráticas y el PRI y sus aliados obtendrán una ligera ventaja que permita al gobierno de Peña Nieto posicionarse en el futuro inmediato.
