Marcela Rodríguez Loreto

De lo que se viene uno a enterar. Que un archivo mp3 contiene sólo un cinco por ciento de la información que se encuentra en una grabación máster o incluso un disco de vinilo. Neil Young (Canadá, 1945), al momento de estar sentado en su oficina garaje un día de 2011 escribiendo sus memorias, se alista a exponer ante un representante de su discográfica WMG, el proyecto de reproducción musical que llama PureTone.

Según el músico, empresas como iTunes y Spotify acabaron con la calidad de la música que se reproduce por Internet y aparatos móviles, cancelando con ello la posibilidad de una experiencia auditiva con todas las de la ley. Young busca financiamiento para desarrollar un reproductor portátil y un modelo de distribución en línea, “en la que los artistas tengan la voz cantante y no los despiadados accionistas” que lanzan la música a diestra y siniestra en baja resolución.

El automóvil Lincvolt es otro sueño de esta leyenda nombrada Neil Young. Al día de hoy ha pasado cerca de ocho años maquinando, nunca mejor dicho, cómo conseguir una máquina motora sostenible ecológicamente hablando. El generador del Lincvolt se alimenta de etanol. Young defiende que el combustible de etanol producido por el maíz, no significa un detrimento de las cosechas de maíz para alimento, según esto su etanol se obtiene de la biomasa, un etanol celulósico, fuente de energía eléctrica.

Lincvolt emplea un motor Ford que además de bioetanol usa una batería con energía suficiente para desplazarse 65 kilómetros en absoluto silencio, antes de querer una recarga. Young quiere hacer del coche un producto ecológico, potente y sexy. En tanto, tiene un filme dedicado al Lincvolt, lo grabó en el auto prototipo acompañado al volante por gente del mundo musical porque: el equipo de sonido es PureTone. Les muestra las cualidades del auto (¡casi seis metros de largo!) y las bondades del sonido, entre los 192 kHz y 384 kHz.

Titulada Waging Heavy Peace. A Hippie Dream, que la editorial barcelonesa Malpaso editó en 2014 como Memorias de Neil Young. El sueño de un hippie, no son unas memorias al uso y mucho menos una autobiografía: Neil Young parte de su actualidad, en buena medida inmersa en los objetivos arriba mencionados, y aprovecha la madurez y retrospectiva que ofrece el tiempo para sincerarse.

Hilvana recuerdos, vivencias y sueños, desde dos sitios que tiene como refugio, el Broken Arrow Ranch en California, y el Aloha Garage de su casa en Hawái, parece un hombre en tránsito perpetuo, como si su vida fuera una road movie, donde no falta la enfermedad, muerte, drogas, solidaridad, (des)amor, agradecimiento, afectos, desengaños, matrimonios…

El sueño de un hippie se traza en torno a las pistas de trenes que tiende en el suelo del garaje, sus paseos en coches de colección, el proyecto PureTone, y su círculo familiar. Young está alejado de los escenarios al escribir este libro, tampoco está componiendo, ha dejado de beber y fumar marihuana y no acostumbra componer sin tomar nada, así que espera pacientemente la inspiración.

Así va creando una ruta propia, una línea de tiempo que no sigue el orden cronológico, pero arroja momentos de su infancia como el recuerdo de su primera pista de trenes que su padre le regaló. Neil era un niño de cinco años y al siguiente contraería polio. Los Young vivían en Highway, la calle principal de Omemee, Ontario, una población de 750 habitantes.

Su padre era un periodista y escritor local. Tenía una máquina Underwood y le enseñó a escribir a su hijo, que sesenta años después se sentaría frente a la computadora a redactar estas memorias. En Omemme hay una primaria de gobierno en honor a su padre, Scott Young. Neil solía acompañarlo los domingos a entregar los periódicos que luego serían repartidos por la comunidad, aparte Neil vendía pelotas de golf y huevos de granja, un vecino le ayudó a montar un gallinero en el patio.

El matrimonio se separó y la mamá se llevó a Neil con ella a vivir en Winnipeg, su madre sería su primera fan, impulsora en las incursiones artísticas de su hijo. Sin embargo, Neil le dedica todavía menos líneas que a su padre. Quién sabe más adelante, Young asegura que sus memorias continuarán.

Eso sí, Young no se corta a la hora de recordar la geografía musical que ha surcado: Los seguidores de Buffalo Springfield y los Crazy Horse tienen aquí un material de lujo.