Alejandro Alvarado

 La trilogía policiaca de Gabriel Trujillo Muñoz, Exhumaciones, busca desenterrar los crímenes ocultos, las verdades escondidas, los episodios que no quieren mostrarse al mundo. Las historias de Trujillo Muñoz nacen por “su deseo de querer regresar a la novela policiaca fronteriza con el personaje que más lectores le ha dado en México y en el mundo (ha sido traducido al francés, alemán e italiano): Miguel Ángel Morgado, defensor de los derechos humanos metido a investigador de los crímenes que le salen al paso en la frontera norte”. La última novela de Morgado fue La memoria de los muertos, publicada hace siete años. “Ahora vivimos en un mundo más brutal, más cruel”, y eso es lo que el autor quiso dar a conocer con la nueva trilogía constituida por Círculo de fuego, Vecindad con el abismo y Música para difuntos.

Esta tercera es la última novela de la trilogía coeditada recientemente por Lectorum, la Dirección de Publicaciones de Conaculta y se desarrolla en Mexicali, en donde habita un asesino en serie que se dedica a matar gente relacionada con la historia musical de la frontera, con las canciones que han hecho famosa a esta ciudad entre distintas generaciones de melómanos. “Es un viaje al corazón de las tinieblas de un asesino demencial, pero también es un viaje musical, desde Mexicali Rose, el vals de los locos años veinte del siglo XX hasta las canciones de un grupo punk, pasando por piezas musicales de jazz, country, rock, folk, por músicos como Gene Autry, Charles Mingus, Tin Buckley”.

“Miguel Ángel Morgado es un personaje que actúa como un hombre que quiere saber la verdad tope con quien tope. Y las verdades vergonzosas son las que cuentan con muchos intereses y personas que no quieren que salgan a flote”. En esta búsqueda criminal, Morgado se convierte en un detective que tiene como escenario una cárcel para adolescentes y sirve de tapadera para toda clase de abusos como en Círculo de fuego. En cambio, en Vecindad con el abismo investiga un momento de la historia de México cuando nadie sabía quién era amigo o enemigo, por eso Morgado, poco a poco, irá atando cabos sobre lo ocurrido a fines de 1941 y principios de 1942, entre los servicios secretos del ejército estadounidense, un grupo paramilitar del ejército mexicano, los nazis nacionales y los supervivientes y descendientes de la comunidad japonesa en la frontera norte. Y así entenderá que el pasado sigue siendo una enorme sombra que cubre el horizonte de nuestro presente.

El abismo sigue entre nosotros mientras no encaremos lo que tiene para mostrarnos —dice Gabriel Trujillo— mientras no aclaremos lo que sucedió hace tantos años. “En Música para difuntos el escenario es de nuevo el actual, una ciudad fronteriza, pero esta vez el caso que le toca es el de un asesino en serie con una fijación enfermiza con la música que tiene como tema a la frontera”. Cada asesinato está relacionado con una pieza musical, “ya sea un vals de la época de la ley seca, una composición bailable del jazz, una balada rock o una canción de protesta punk”. El asesino siempre va delante de las indagaciones de la policía y de Morgado, en especial. “Es una novela para amantes del género negro y para entusiastas de la música en todas sus corrientes”.

Cada novela de la trilogía tiene su tono, su ritmo. “Círculo de fuego, como su título lo indica, es un incendio, una catástrofe que va mostrando su horror desde un principio, mientras que Vecindad con el abismo va desvelando su misterio a cuenta gotas porque hay muchos cabos sueltos por atar, y Música para difuntos es puro vértigo, pura carrera desatada por encontrar al asesino antes que cometa más crímenes. Estoy seguro que los lectores disfrutarán las tres en sus propios términos narrativos”.

En Círculo de fuego y en Vecindad con el abismo pueden encontrarse similitudes: “En Círculo de fuego la proliferación de agrupaciones que, con un manto religioso o con discursos piadosos, encubren realidades hirientes, sobre todo para los sectores menos protegidos de la sociedad. Y esto no es asunto reciente sino que tiene décadas ocurriendo mientras las autoridades hacen que no ven. El caso de la Guardería ABC, en Sonora, de los Legionarios de Cristo o del asilo de Mamá Rosa sólo son la punta del iceberg de la negligencia oficial y del abuso sistemático por el ‘bien’ de los marginados de sectores conservadores que sólo creen que con sacamocos la letra entra. Son la prueba de que en México todo está perfecto hasta que todo se vuelve incontrolable, hasta que la opinión pública se entera de lo que hay en realidad en estos diminutos reinos donde sus señores o damas feudales hacen de las suyas”. Música para difuntos es el caso no de una asociación civil abusando de aquellos que debería proteger, sino “de un individuo, por demás siniestro y elusivo que busca la pureza social sobre el caos fronterizo. Es un ser humano que usa sus conocimientos de la música para transformarla en un ritual de muerte, en una ceremonia sangrienta que pone en vilo a toda la sociedad”.

 

 

Secundaria:

 

Círculo de fuego es un incendio, una catástrofe que va mostrando su horror. Vecindad con el abismo desvela su misterio a cuenta gotas porque hay muchos cabos sueltos por atar. Y Música para difuntos es puro vértigo, pura carrera desatada por encontrar al asesino en serie antes que cometa más crímenes”.