Juan Antonio Rosado
La historia en general, y no sólo la literaria, suele jugar bromas debido, a menudo, a la ignorancia de sus protagonistas, que produce falsos rumores, mitos, leyendas, chismes… Realidad y fantasía se confunden, y la verdad de algún hecho se va borrando ante el peso y paso de esos rumores. Es conocida la célebre y siempre actual frase del propagandista nazi Joseph Goebbels: “Una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”. Pero lo anterior no ocurre sólo con las religiones y con la política, economía, derecho o administración pública. También sucede con el arte. Encontramos, por ejemplo, que una frase escrita por alguien es atribuida de repente a otra persona, que nada o poco tiene que ver ni con la frase ni con el autor original. Lo anterior le sigue sucediendo al poeta Martin Niemöller, nacido en 1892 y muerto en 1984. Este escasamente conocido escritor y oficial del ejército, fue un héroe alemán durante la Primera Guerra Mundial. En 1924, se ordenó como pastor luterano y pronto se convertiría en uno de los primeros grandes críticos de Hitler y del nazismo, a pesar de que nada tenía ni judío ni de gitano. Su conciencia social y política lo obligó a formar un movimiento de resistencia llamado Iglesia Confesional. Como pastor en Dahlem, un barrio elitista de Berlín, Niemöller fundó el Pfarrernotbound (Liga de Emergencia de los Pastores) alrededor de 1933. Cuatro años después, la Gestapo lo detuvo por sus actividades de resistencia. Por supuesto, fue declarado traidor y condenado. Diversos amigos influyentes y presiones internacionales lograron que la sentencia se suspendiera. Sin embargo, Hitler ordenó su confinamiento en los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau, donde Niemöller conoció el horror cotidiano. La guerra llegó a su fin y los prisioneros de esos campos fueron liberados. Si la Iglesia católica ya sabía de los horrores nazis y nada hizo para denunciarlos ante el mundo, lo mismo ocurrió con la Iglesia alemana, cómplice del nazismo. Martin Niemöller, ya en libertad, criticó a la Iglesia por su complicidad y luchó por la paz mundial. En 1967 se le otorgó el Premio Lenin de la Paz, y en 1971 fue condecorado con la Gran Cruz del Mérito de la Alemania Federal. Entre sus escritos más celebrados, destaca uno que ha sido atribuido por error o malicia a diversos escritores (entre ellos, por ejemplo, a Brecht) sólo porque Niemöller es muy poco conocido como escritor. Cito su texto como un homenaje a este activista, pero también a la verdad de un hecho: “Cuando los nazis se llevaron a los comunistas, no dije nada porque no era comunista.// Cuando encarcelaron a los socialdemócratas no dije nada porque no era socialdemócrata.// Cuando se llevaron a los católicos, no protesté porque no era católico.// Cuando vinieron a buscarme a mí, no había ya nadie que pudiera protestar”.
