Hace unos tres millones de años
René Anaya
Más allá de las concepciones sobre la creación divina del hombre, los paleoantropólogos, evolucionistas, expertos en la nueva tecnología biomédica y filósofos, consideran que la aparición del ser humano en nuestro planeta, dentro del proceso evolutivo de nuestra especie, comenzó cuando los homínidos adquirieron la capacidad de fabricar herramientas.
A partir de ese momento, punto culminante de la separación entre los primates y nuestros antepasados (cuando los huesos de la mano se modificaron), se pueden trazar los acontecimientos que llevaron al ser humano a crear técnicas, materiales, instrumentos y marcos conceptuales para crear cultura.
La mano creadora
Evidentemente, la mano y el cerebro han estado muy unidos en este proceso evolutivo, y al parecer ninguno de los dos podría tener mano, es decir no se puede determinar si la mano o el cerebro fueron fundamentales para su transformación, aunque Aristóteles en una crítica a Anaxágoras planteaba: “No es porque tiene manos por lo que el hombre es el más inteligente de los seres, sino por ser el más inteligente de los seres es por lo que tiene manos”, según consignó el filósofo francés Jean Brun en su ya clásica obra La mano y el espíritu.
En realidad la evolución de la mano y el cerebro fue simultánea, ya que la oposición del pulgar para asir los objetos no llevó por sí misma a la posibilidad de crear herramientas; y a la inversa, la capacidad de abstracción y planeación del cerebro no hicieron posible, por sí solas, la fabricación de instrumentos.
Se trata, entonces, de una conjunción sincrónica, como lo han planteado paleoantropólogos en su búsqueda de indicios de la evolución de la mano, pues se considera que sus cambios anatómicos fueron de la mano de los que sucedieron en las funciones cerebrales.
Esa evolución de las manos, en especial el paso de los dedos curvados del primate a los dedos rectos y con mayores movimientos de flexión de los homínidos, fue fundamental para la fabricación de herramientas, pero también abrió las posibilidades de aumentar la comunicación gestual, de transmitir emociones y manifestaciones afectuosas como las caricias o violentas, como los golpes con el puño. Se trató no solamente de la flexión de los dedos, sino de un punto de inflexión en el que cambió la condición humana.
Por esa razón, los paleoantropólogos se han empeñado en situar cronológicamente ese momento trascendental de la evolución humana. La opinión generalizada, según demuestran las evidencias de restos óseos y de otros fósiles, es que el inicio de ese proceso sucedió hace unos 1.8 millones de años, cuando surgió el Homo habilis, en África.
La mano que mece la cuna… de la humanidad
Esa especie se considera el primer representante del género Homo; aunque es muy semejante al Australopithecus africanus, su principal diferencia se encuentra en su cerebro, que tiene más desarrollada el área involucrada en el lenguaje y la comprensión; así como los huesos de las manos que son más similares a los nuestros. Estas diferencias permitieron la fabricación de herramientas de piedra, las cuales probablemente utilizaban para cortar y triturar ciertas plantas y fracturar huesos y extraer el tuétano de animales para su alimentación.
Allí, al parecer, comenzó el largo proceso evolutivo del cerebro y la mano humanos; sin embargo, en una investigación realizada por un grupo internacional de científicos, publicada en la revista Science, se plantea que la fabricación de herramientas pudo haberse iniciado hace unos tres millones de años.
El paleoantropólogo Matthew Skinner, de la Universidad de Kent, del Reino Unido, junto con otros científicos autores del estudio, analizó tomografías de la especie Australopithecus africanus, en las que se encontraron modificaciones en los huesos esponjosos de la mano, específicamente en las trabéculas, que son delgadas laminillas óseas, las cuales se modifican dependiendo de las funciones que realicen, como prensión de objetos u otras tensiones a las que son sometidos.
La comparación de estas trabéculas con las de los neandertales (que vivieron hace unos 250 mil años, y que elaboraban herramientas) demostró que eran muy similares, por lo que se formuló la hipótesis de que los Australopithecus africanus fueron los primeros en fabricar herramientas.
En contra de ese planteamiento, se refiere que no se han encontrado herramientas fabricadas por los australopitecos, pero Skinner confía en que “nuestra investigación animará a los arqueólogos a mirar con más atención a los sedimentos de este periodo en África, en búsqueda de usos más antiguos de herramientas”.
Entre tanto, la mano que mece la cuna de la humanidad parece ser mucho más antigua de lo que se suponía.
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f/René Anaya Periodista Científico
