Son combustible de la “comentocracia”
Teodoro Barajas Rodríguez
En diversos rubros se anticipan tiempos complejos con una economía endeble, la seguridad es una asignatura no resuelta, a ello habrá que agregar las campañas electorales que suelen ser cada vez más enconadas, plagadas de una evidente desmemoria y un abaratamiento de propuestas, algunas más bien ocurrencias de coyuntura, pronunciamientos efímeros fincados en sendos lugares comunes.
Algunos temas no dejan de estar presentes, su tratamiento desde diversas ópticas es combustible de la comentocracia un día sí y otro también; nos referimos al caso Ayotzinapa, con la implicación natural al tema de los derechos humanos. La clase política está rebasada, sus recetas suelen ser inicuas.
Cada vez emergen en mayor medida las iniciativas derivadas de modelos de la democracia participativa como las candidaturas independientes, en Michoacán se aprobaron pero con innumerables candados, lo cual desalienta a muchos aspirantes que no aprueban los filtros institucionales. Parece ser que ésa fue la finalidad de los diputados, hacer para inhibir.
El tema de la inseguridad tiene diversas repercusiones, entre ellas que la Comisión Nacional de Derechos Humanos reconoce que México tiene un serio problema en esta materia por las desapariciones forzadas, más de 23 mil personas están desaparecidas y no se ha cumplido con los compromisos contraídos internacionalmente, lo cual se informará a la Organización de las Naciones Unidas, cuyos órganos habrán de emitir las recomendaciones pertinentes. El informe se habría de presentar en Ginebra, hasta donde acudirán algunos padres de familia de los normalistas desaparecidos.
La impunidad es un lastre, un peso que se carga desde hace mucho tiempo, acaso como problema estructural que no se ha diluido y al que no se le ve el fin.
La economía no registra indicadores de crecimiento, por el contrario, se anuncian recortes presupuestales con las consecuencias que ello entraña.
Esta inercia impacta diversos frentes, en un año de elecciones, en algunos casos concurrentes, los pronósticos varían porque los escándalos enturbian a figuras políticas de distinta extracción para dibujar una viñeta del cinismo de una oligarquía deseosa de más privilegios.
Hay quienes apuestan al fracaso de sus oponentes en distintos niveles de gobierno porque la mezquindad reditúa, suele dar argumentos aunque no necesariamente propuestas, las campañas por venir pueden ser un auténtico estercolero que desaliente para asegurar mayor abstencionismo. Puede ser.
Tenemos más partidos políticos, aunque ello no se traduzca en mayor calidad, seguramente algunos de los nuevas organizaciones electorales tienen como destino próximo su extinción si nos atenemos a los indicadores recientes, pese a las carretadas de dinero que fluirán al respecto, el cúmulo de una demagogia que se resiste a morir impregnará los discursos, aunque con eso las dificultades no se superan, pues no se trata de promover cambios cosméticos.
La economía y la inseguridad son un binomio que requiere de un abordaje profundo, no se vale cambiar para que todo siga igual, ya no es permisible.
