Michel Duquesnoy*
(Tercera y última parte)
Quien siembra el rencor se condena a cosechar la ira. Lamentablemente con intereses y plusvalía. Las miradas críticas que porto a la Francia hoy todavía en luto, deben ser aplicadas al norte global, hegemónico e imperialista.
Afirmar “no ser Charlie” me hará probablemente correr el riesgo del insulto y de la sospecha de buena parte del muy respetable movimiento cívico y ciudadano “Yo soy Charlie”. El lema “Quien no está con nosotros, está en nuestra contra” lanzado por George Bush Jr. podría perfilarse en mi horizonte. ¿Será preciso insistir sobre mi desaprobación sine qua non que mi sistema personal de normas asume frente a tales crímenes? El status quo ya no es sostenible ni perdonable: enfrentar a la amenaza terrorista islamista radical debería pasar en primer lugar por un análisis objetivo de sus orígenes. Sin ceder a la tentación de discutir o minar los pilares del orden democrático, lo que precisamente ambiciona lograr. En segundo lugar, en implementar un sistema económico y social mundial equitativo, justo e intercultural.
No soy Charlie porque rechazo la instrumentalización del lema y su recuperación mediático-política de muy mal gusto. No soy ni seré Charlie mientras se limita el atentado a cinco de las 17 víctimas, TODAS inocentes. No soy ni será Charlie mientras el mundo auto proclamado “libre” no se conmueve en las calles de sus capitales confortables por las masacres en Nigeria. Y bajo otros cielos sangrientos del planeta…
De igual manera, sigo convencido que burlarse con desmesura del profeta o del fundador de cualquier religión, no revela la libertad de expresión sino el cínico derecho auto proclamado de –supuesta- superioridad moral, ética y filosófica. Y eso es inadmisible. Dibujitos burlones no son, nunca fueron y nunca serán inocentes. Siembran el odio y la sospecha entre ambos campos: sus consecuencias pueden ser fatales.
Pretendo y defiendo la necesidad de descolonizar el pensamiento hegemónico así como las interpretaciones mediáticas a las que las auto denominadas victimas del centro global acostumbran, sin mencionar las reacciones histéricas colectivas: profanar y patear al Corán, etc. tiroteos en mezquitas, incendios en centros culturales musulmanes, saqueos de restaurantes de comidas rápidas turcas, burlas a estudiantes de origen “árabe”, etc. en su impresión de obsesión colectiva. En fin, rebatir su pretensión de pensar y promulgar el “derecho de los otros”. Defiendo la idea de que pretender definir los límites de los otros así como los marcos en los que deberían expresarse, obliga a confinar los parámetros propios dentro de un cuadro crítico sólido. Defiendo, de un lado, la idea de que el Islam es una religión de paz y que la inmensa mayoría de los musulmanes condenan los hechos terroristas que profanan y denigran gravemente su religión, y de otro lado, que los extremismos y radicalismos afines afectan todas las religiones cuando éstas se vuelven ideologías y no filosofías de vida (artes de ser y relacionarse) proclives a garantizar el buen vivir entre seres humanos.
En definitiva, lo que me parece particularmente preocupante, es que todas las señales parecen indicar que estamos entrando en una tercera guerra mundial con parámetros aún desconocidos aún cuando las formas a las que asistimos en muchos lugares del planeta han sido ensayadas exitosamente por los beligerantes. Parece evidente igualmente que se inaugura una nueva era ampliada de terrorismo de estado. Y se incrementará la violencia terrorista como riposta a la violencia imperial.
En este juego, nadie sabe a la fecha cómo detener la bestia inmunda cuyo vientre, para parafrasear a Berthold Brecht, es todavía muy fecundo. Queda abierta la duda de determinar quien alimentara a dicha bestia con el fin de que pariera a más monstruos…
¿Bestia? ¿Cuál bestia? Es tiempo, en todos los campos que se enfrentan hoy, desconstruir al enemigo supuesto y encarar juntos al enemigo real. Enemigo que ya no se mueve en la oscuridad sino en nuestras propias entrañas.
*Antropólogo de la Universidad Bernardo O Higgins, Observatorio Regional de Paz y Seguridad, Santiago, Chile.
