Tiempo electoral en Michoacán
Teodoro Barajas Rodríguez
El tiempo investido de los rituales electorales ha llegado por lo que cada organización partidaria muestra el músculo, sus mejores galas o acaso reiteran sus inercias típicas en lapsos como el actual que registra candidatos y el esbozo de las campañas.
En toda sociedad democrática, los partidos políticos son actores de primer orden, máxime si hablamos de la maduración institucional que suele retratar la diversidad de ideas, las prioridades así como procedimientos.
Michoacán vive la efervescencia electoral en la que se destacan las tres principales fuerzas políticas, desde hace algunos años la entidad que vio nacer a personajes como José María Morelos y Pavón así como a Lázaro Cárdenas del Río conoció una de las características de la normalidad democrática, la alternancia.
En los últimos quince años, Michoacán registró gobiernos de extracción priista y perredista a nivel del Ejecutivo, las diputaciones así como ayuntamientos han sido expresión que ha retratado la diversidad, el pluripartidismo se asentó hace muchos años.
Cada uno de los aspirantes a la gubernatura hablan de sus activos de cara al próximo proceso, lo cual es perfectamente entendible.
En otros momentos las campañas adquirieron niveles de crispación manifiesta, principalmente a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa. Posteriormente la variedad de colores partidistas envolvió la entidad, ello se mantiene como un signo que confirma la pluralidad michoacana.
Luisa María Calderón Hinojosa, Ascención Orihuela Bárcenas y Silvano Aureoles Conejo ya han sido ungidos como los abanderados de PAN, PRI y PRD, respectivamente, viene a corto plazo el armado de los equipos de campaña, cuarto de guerra y los aditamentos necesarios para afrontar unos comicios que, por el momento, lucen equilibrados.
Seguramente los partidos políticos deberán ver más allá de sus cuentas alegres, en todo caso las condiciones incubadas y padecidas en Michoacán sugieren articular acuerdos, pactos y ampliar la apertura para ganar, no basta el voto duro, los alcances deben ser más amplios, las simpatías cautivas parecen inamovibles.
En Michoacán, la gran mayoría de electores no tienen filiación con ningún partido político, en todo caso la visión de esa amplia franja de la población puede ser más objetiva porque la propia independencia les hace ver las cosas de manera más neutral sin las fobias o filias que suele despertar el activismo militante.
Llama la atención un fenómeno presente en todo el país, muchos representantes populares han resuelto mantener sus privilegios y saltan a otro trapecio para asegurar su permanencia como beneficiarios del erario, los casos de los delegados en la capital del país resulta paradigmático. El apetito por el poder no los sacia, quieren más. Mismas caras, mismos estilos, la nomenklatura presente, en la mayoría de los casos desde hace décadas, no se cuenta con registros trascendentes en lo que refriere a liderazgos emergentes, son muy pocos.
