Ebrard se dice víctima de un complot
René Avilés Fabila
En política sin duda cuenta la audacia y si no pregúntenle a López Obrador y a Marcelo Ebrard. El primero salió de la nada, era un oscuro priista que a golpes de mazo, manifestaciones, gritos, exaltadas convocatorias mal redactadas, conquistó un partido, el PRD, lo convirtió en un cascarón y luego fue a formar uno propio donde pudiera (puede) ser el dictador, su vocación.
El segundo ha saltado mucho más que Obrador, del PRI, donde admiró a Carlos Salinas, a la creación, con Manuel Camacho, su mentor, a formar un partido de centro y al ver que eso no llevaba a ningún sitio, se hizo, como acto de magia, izquierdista y tenaz enemigo de sus antes amigos: los militantes del PRI. Pero en política es importante tener fondos, dinero para hacer campañas y comprar votos, mover agrupaciones y sindicatos, lo usual en la democracia mexicana.
De tal forma que, junto a Mario Delgado, por ahora senador, vieron en la creación de la línea 12 del Metro una posibilidad de hacer negocios jugosos y distraer algunos millones para futuras acciones políticas. Lo mismo había hecho López Obrador con la creación del segundo piso mirando hacia su segunda campaña presidencial, la ahora aspirante a delegada en Tlalpan por Morena sabe bien cómo fueron los manejos económicos, no en vano su esposo, Carlos Imaz, fue grabado recibiendo mucho dinero de manos de un acaudalado empresario.
Con audacia, Marcelo Ebrard fue a enfrentar las acusaciones de una comisión de legisladores y nada logró en su favor; quedan en el aire sus gritos de soy inocente. Lo sorprendente fue verlo despeinado, agitado, decir que es víctima de un complot, al estilo de Obrador. ahora tanto el PRD como Morena quieren tenerlo en su seno: son eternos buscadores de cascajo para rellenar sus huecos. Puede ser diputado y de este modo obtener el fuero necesario para no ir a la cárcel y luego regresar triunfalmente al ruidoso centro de la política mexicana.
El paso de los priistas por el PRD ha sido desastroso para la auténtica izquierda. Los grupos o tribus que restan luchan entre sí, aprovechando un gobierno débil, titubeante, inseguro, un PRI en mala manos, y en la derecha un Madero primitivo, ignorante y escasamente cauteloso, que sigue los pasos del perredismo y ha convertido el antes afable y cristiano PAN en un sangriento campo de batalla, donde él solo ha matado miles de filisteos, al modo de Sansón: con una quijada de burro.
Por eso inquietan a los ciudadanos las siguientes elecciones, que serán un ensayo general para las presidenciales de 2018. Mientras tanto campean las frases comunes de la política mexicana: llegaremos hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, no bajaremos la guardia, y así hasta el aburrimiento. Ebrard confía ciegamente en la mala memoria de los mexicanos. Si alguien estudia con rigor su biografía política, verá con nitidez su verdadero rostro: un hombre inescrupuloso, sin ninguna ideología, a no ser un desmedido amor por el poder, que nunca ha utilizado para el bienestar de la sociedad.
www.reneavilesfabila.com.mx
