columna:

 

 Algunos regulan la distribución de grasa corporal

 Dr. Gerardo Jiménez Sánchez

 

La obesidad y el sobrepeso son los principales problemas de salud pública en México. De acuerdo al INEGI nuestro país ocupa el primer lugar mundial en niños con estas condiciones y segundo en adultos. Estos padecimientos que reducen la calidad y expectativa de vida de quienes los padecen, concentran el 7% del gasto destinado a salud.

La obesidad, como el resto de las enfermedades humanas, tiene un componente genético y otro ambiental. El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad. Se calcula que entre el 40 y 70% de su variabilidad inter-individual se debe a factores genéticos. Existen diversas razones por las cuales se puede ganar peso en diferentes cantidades y por las cuales la grasa se almacena en diferentes partes del cuerpo. Recientemente se llevó a cabo el estudio más grande del mundo hasta ahora para profundizar en el conocimiento de las bases genéticas de esta enfermedad. Los resultados de estos estudios fueron publicados en la revista Nature.

El primer estudio analizó el ADN de más de 300,000 individuos buscando genes asociados a la obesidad y distribución de grasa corporal (Shungin D y cols. Nature. 2015 Feb 12; 518 (7538): 187-96). Estos investigadores del grupo internacional GIANT (Genetic Investigation of ANthropometric Traits) encontraron más de 140 regiones en el genoma humano que tienen una participación en distintos rasgos asociados a la obesidad.

Los investigadores aplicaron nuevos métodos computacionales para analizar los resultados genéticos y descubrieron mecanismos moleculares que juegan un papel importante en el control del peso y la distribución de la grasa corporal. Este es el primer estudio que identifica genes individuales con un papel clave en el tamaño y la forma del cuerpo.

Las proteínas que estos producen podrían convertirse en blancos para el futuro desarrollo de medicamentos contra la obesidad, lo cual sería de gran trascendencia dado que actualmente no se cuenta con ningún tratamiento permanente que permita detener o disminuir el crecimiento de esta epidemia mundial (http://goo.gl/k6YTZt).

Uno de sus hallazgos fue la correlación de ciertos genes con el Índice Cintura Cadera (ICC) que evalúa la distribución del tejido adiposo y se obtiene al dividir la circunferencia de la cintura entre la circunferencia de la cadera medidas en centímetros. La personas con cinturas mayores a su circunferencia de cadera tienen una mayor cantidad de grasa abdominal alrededor de sus órganos, haciéndolos más propensos a desarrollar enfermedades metabólicas como diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares en comparación con aquellas personas cuya grasa se encuentra más concentrada en el área de las caderas o está uniformemente distribuida en el cuerpo.

De esta manera, si se lograra identificar a los genes que influyen en la distribución de los depósitos de grasa, se podrían entender mejor los mecanismos biológicos que dan lugar a diferentes enfermedades como la diabetes resistente a la insulina, el síndrome metabólico y algunas enfermedades cardiovasculares. Los investigadores identificaron que de las regiones del genoma humano que participan en la distribución de grasa corporal, 19 tienen un mayor efecto en las mujeres, y solo uno tiene mayor efecto en los hombres, lo cual contribuye a conocer con mayor detalle los procesos biológicos detrás de estas enfermedades.

Los resultados del segundo estudio enfocado al IMC pusieron al descubierto 97 regiones del genoma humano que contribuyen a la obesidad (Locke AE y cols. Nature. 2015 Feb 12; 518 (7538): 197-206). Este hallazgo demuestra que la predisposición a la obesidad y al incremento del IMC se debe a múltiples cambios en el ADN lo cual hace difícil pensar en que una sola solución será efectiva para todos.

Además, se identificó que los genes asociados al IMC están vinculados con procesos que se llevan a cabo en el sistema nervioso, específicamente a las señales del cerebro que controlan el apetito y el uso de la energía (http://goo.gl/ojjqOQ).

Conforme vayamos entendiendo mejor estos mecanismos podremos explicar porque no todas las personas con obesidad desarrollan enfermedades metabólicas asociadas como diabetes o elevación en sus niveles de colesterol, así como también podremos encontrar nuevas formas de tratar a quienes padecen esta enfermedad e incluso prevenirles enfermedades adicionales.

La investigación científica e innovación genómica en esta área son de gran relevancia para México, pues permitiría orientar los esfuerzos a la identificación y prevención en individuos con riesgo a padecer obesidad, y no sólo al tratamiento de quienes ya la padecen. Prevenir, siempre será mejor que tratar de remediar.

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gerardo.jimenez@gbcbiotech.com

 

 

 

Director del Programa de Medicina Genómica y Bioeconomía de la

Escuela de Salud Pública de Harvard.

Presidente Ejecutivo, Global Biotech Consulting Group.

Presidente de Genómica y Bioeconomía A.C.