Cómo enfrentar un país irritado
René Avilés Fabila
Cada tanto, un grupo de periodistas de La Crónica, invitados por sus directivos, acostumbramos comer con algún alto dignatario político. Inalterablemente son del más alto nivel. Baste citar que hemos comido dos veces con Enrique Peña Nieto, una con Miguel Mancera y muchas más con secretarios de Estado. Se trata de conversaciones cordiales con la idea de mantener un adecuado sistema de información. La semana pasada comimos con uno de estos últimos y nos habló largamente de los avances del gobierno actual.
Como es usual, sus términos fueron ligeramente críticos y en general favorables a Peña Nieto.
Casi al concluir, el distinguido miembro del gabinete dijo: “ahora ustedes díganme cómo ven el actual gobierno”. Hubo diversas críticas, bien fundadas, hacia dicha gestión. Rafael Cardona señaló errores evidentes. Alguien más dijo que el presidente parecía estar solo, algo que he escuchado de la legisladora Ruth Zavaleta y que yo mismo he escrito en estas páginas.
Rafael Cardona llevó las cosas al extremo de señalar que parecía personaje de mi novela El gran solitario de Palacio. Dudo que el alto funcionario conozca la novela que sobre la matanza del 68 escribí hace unas cuatro décadas, pero a todos les quedó claro, en su argumentación, que en las dictaduras y en el sistema presidencialista que conocemos bien, el mandatario vive y decide en total soledad. Puede ser que sepa escuchar incluso opiniones divergentes, sólo que las decisiones las asume él y debe en consecuencia exponerse a los resultados sin grandes defensas de los suyos.
Eso nos lleva a un punto importante para la supervivencia del partido en el poder, el PRI. Hasta hoy han sido impotente para imponer la agenda política del país. En vano trata. La corrupción escandalosa en Guerrero que llevó las cosas al extremo de asesinar a multitud de jóvenes fue obra de los perredistas, de principio a fin; como si fuera poco, los que hoy están en Morena también de muchas maneras contribuyeron a encumbrar a los asesinos, es decir, son visibles cómplices.
No obstante, para la ciudadanía sencilla y para algunos medios de comunicación perversos, la culpa es del gobierno de Peña Nieto. No es difícil comprender las razones de la indefensión del PRI-gobierno: temen conservar la etiqueta de duros, de brutales, de antidemocráticos.
Falta lo peor: la reducción del presupuesto y la falta de un crecimiento económico aceptable. El gobierno de Peña Nieto explica que los resultados a la larga serán muchos y muy positivos. Pero mientras tanto, en las elecciones intermedias y posiblemente en las presidenciales, tendrá un voto de castigo.
Ésa es la bandera del partido más reciente y que más arriesga a acercarnos a la división y a la crisis: Morena. La pregunta es qué va a hacer el solitario de Los Pinos para enfrentar un país irritado que buscará cualquier opción por simplista que sea. No mucho. Está visto que varias cabezas piensan más que una, por poderosa que sea. Ni hay un gabinete ideal ni Peña Nieto tiene los asesores que requiere para gobernar en un contexto muy difícil.
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