Libertad de expresión, un ejercicio democrático

Teodoro Barajas Rodríguez

“Ruego que podamos encontrar el gobierno que nos merecemos”, expresó Alejandro González Iñárritu tras recibir el Oscar por mejor película: Birdman. Fue una crítica al gobierno federal mexicano, una más, sólo que esa vez fue con la repercusión mediática que detona una tribuna escuchada por millones de personas a través del altavoz globalizador generado en Hollywood.

El triunfador de la noche como mejor director también abordó el tema de los migrantes en los pocos minutos de su intervención el domingo 22 de febrero, para exigir que la generación que actualmente radica en el vecino país del norte sea tratada con dignidad y respeto porque Estados Unidos es una nación nutrida por el éxodo pluricultural para tener un tono cosmopolita.

Habrá quienes se incomoden por los cuestionamientos de González Iñárritu, el cineasta ejerce un derecho llamado libertad de expresión.

La citada opinión del ganador es un reflejo fiel de la percepción en muchos frentes, la acumulación de yerros gubernamentales es elocuente, no se ha registrado un revulsivo porque la insoportable levedad sigue en los mismos caminos, los problemas de la economía real se agravan, la inseguridad es el color sepia cotidiano.

La crisis de opinión pública que enfrenta el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto no se reduce, los últimos meses han sido complejos a partir, principalmente, del caso de los normalistas desaparecidos en Iguala, las protestas se globalizaron sin que la capacidad de respuesta gubernamental se perciba.

González Iñárritu dijo lo que muchos otros señalan reiteradamente, sólo que sin reflectores. Vicente Fox incluso dijo que el presidente Peña Nieto está en jaque y en riesgo de recibir el mate.

Fox nunca refirió contenidos ideológicos como candidato que fue, ulteriormente presidente, nunca hilvanó algún ejercicio retórico porque lo suyo no son los libros sino las ocurrencias.

Muchos han esperado un golpe de timón de Peña Nieto, sólo que éste no se ha registrado y el tiempo mantiene su curso en contra, tal vez los próximos comicios reflejen los cuestionamientos porque bien puede utilizarse el proceso a manera de evaluación de la administración federal.

La autocrítica no se ejerce en la gestión peñista, en todo caso la repartición de culpas entre actores políticos enfermos de mezquindad es la que impera, parecen apostarle al fracaso del oponente para sobre esa base diseñar las campañas. Vaya pobreza de argumentos.

González Iñárritu aprovechó el escaparate para expresar su sentir en relación con México y Estados Unidos, lo cual es enteramente legítimo.

Algunos recordaron al célebre Marlon Brando en la entrega de los premios Oscar a principios de los años setenta, ganador de la estatuilla como mejor actor por El Padrino, rehusó recibirla en protesta por el mal trato brindado a las etnias indígenas. En las sociedades apellidadas democráticas la crítica y la disidencia son inherentes.