CIENCIA
Pronto dejará de escribir
René Anaya
Probablemente el nombre de Oliver Sacks no sea conocido por la mayoría de las personas, pero sí la trama de Despertares, una de sus obras neuroantropológicas que fue llevada al cine en 1990, bajo la dirección de Penny Marshall y las interpretaciones extraordinarias de Robert de Niro y Robin Williams.
A partir de entonces, Oliver Sacks ha gozado de cierta popularidad, pues se trata de un divulgador de la ciencia original, claro y ameno, que relaciona diferentes disciplinas para presentar un panorama lo más completo de los temas que aborda. Lamentablemente, pronto dejará de escribir.
Un narrador integral
El pasado 18 de febrero, Sacks publicó en The New York Times un artículo que comienza así: “Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado”.
De esta manera informa sobre su enfermedad terminal, pero no busca conmiseración, sino que fiel a su estilo de escribir presenta de manera integral su estado de ánimo y comparte sus emociones en el contexto en que vive: “De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y a los debates sobre el calentamiento global”.
Oliver Sacks, neurólogo que nació en Londres en 1933 y que ha vivido en Estados Unidos desde hace más de 50 años, muestra en sus obras ese estilo directo y centra su atención en las necesidades de los pacientes, la forma en que viven sus enfermedades y la manera en que la sociedad los ve.
Desde su primera obra, Migraña, escrita en 1970 y reeditada en 1992, Sacks manifiesta ese interés por ver a los pacientes de manera integral: “sugiere que, en ocasiones, los seres humanos pueden necesitar estar enfermos durante un breve espacio de tiempo; esto sería una muestra de la unidad de la mente y el cuerpo y un ejemplo de nuestra transparencia psicológica”, consideran Elena Guardiola y Josep E. Baños, autores del artículo “Oliver Sacks y la neurología literaria”, publicado en la Revista de Neurología 2014; 58 (6).
En Despertares, se muestra la misma preocupación por el enfermo doliente, no se limita a describir la enfermedad sino que analiza el entorno y la conducta de quienes rodean al enfermo. Por eso, en sus obras y en el trato con sus pacientes constantemente recuerda que “La cuestión no es qué enfermedad tiene una persona, sino quién es la persona que ha sucumbido a la enfermedad”, como lo planteó el médico internista William Osler en el siglo XIX.
Un neuroantropólogo en Marte
Oliver Sacks no investiga solamente a sus enfermos para crear sus neurorrelatos, como los que reúne en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, también narra su propio sufrimiento físico y mental en Con una sola pierna, obra en la que cuenta las secuelas de una lesión en la pierna izquierda que le ocurrió en una montaña de Noruega.
En Un antropólogo en Marte presenta “siete metamorfosis provocadas por el azar neurológico, metamorfosis que han dado como resultado estados alternativos del ser, no menos humanos por ser tan distintos”, escribe Sacks en el Prefacio, donde reconoce que se siente “en parte como un antropólogo, o un neuroantropólogo que realiza un trabajo de campo, aunque casi siempre como un médico, un médico que visita a domicilio, unos domicilios que están en los límites de la experiencia humana”.
Así, toda su obra es una búsqueda constante del ser humano atrapado o liberado en sus enfermedades, como ahora se encuentra este neuroantropólogo narrador, quien en su artículo de The New York Times advierte: “tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme e incluso para cometer tonterías”.
Finalmente, con optimismo reconoce: “He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores. Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura”.
Así es Oliver Sacks, un joven de 81 años que ha sabido captar la maravilla de la vida propia y ajena, compartirla con sus lectores, y despertar la envidia de quienes quisieran llegar a su edad con su vitalidad y amor a la vida.
reneanaya2000@gmail.com
f/ René Anaya Periodista Científico
