Melchor Arellano
El turismo de cruceros se convirtió en el rubro más dinámico del turismo mundial a finales del siglo pasado e inicios del actual. Dicho segmento, hizo de nuestro país el líder receptor o destino global indiscutible a principios y mediados de la década pasada. En el 2005 arribaron 3,137 navíos a nuestros inigualables destinos, que produjeron el desembarco histórico de 6,523 millones de pasajeros, contra 6,262 millones en 2004.
La derrama superó los 800 millones de dólares, contra un promedio de 750 millones de divisas verdes en el año anterior. Las cifras citadas, dieron a México el liderazgo mundial como país y a la paradisiaca isla de Cozumel (Quintana Roo), como destino individual. Por su parte, Cozumel concentraba el 50 por ciento de la oferta nacional y era primer destino del mundo.
En estos momentos y según cifras de la Dirección General de Puertos de la SCT, la bella ínsula cerró el año pasado (2014) con el control superior al 63 por ciento de la oferta nacional, con 3,39 millones 929 paseantes, para asirse de nuevo en tanto que destino, con el primer lugar del orbe (Miami, Florida es primero en origen en el planeta).
En el nivel global, la penetración del rubro en el turismo global, apenas alcanzaba el 2.5 por ciento, lo que significaba un desarrollo potencial del 97.5 por ciento. Su valor de mercado en el globo, alcanzaba alrededor de 250 mil millones de dólares, mientras la derrama económica en nuestro país, era y es demasiado insignificante para el tamaño del mercado mundial (hoy no alcanza mil millones de dólares).
Estados Unidos (primera salida y destino mundial) representaba y representa el 85 por ciento del origen de buques y pasajeros en el mundo, con 9.4 millones de viajeros en el 2005 mismo, dando a nuestro país una ventaja competitiva única, de la que hasta la fecha no se ha sabido sacar provecho.
Algunos de sus beneficios: hospedaje en hotel flotante de gran turismo; visita a diversos sitios y países en una misma travesía; disfrute simultáneo del medio marítimo y natural; gimnasio; alberca; SPA; juegos y casino; cine; espectáculos; auditorio; deportes acuáticos; y en general, diversión total en un ambiente relajado y seguro. ¿Qué pasó después?
Cabo San Lucas, BCS siguió sin muelle de cruceros; Ensenada, BC sobrevivió de los cruceros de promoción del Pacífico Occidental estadounidense; Puerto Vallarta, Jalisco, abandonado por el consorcio Royal Caribbean International; Acapulco, Guerrero con la mayor caída y deficiencia de servicios en el rubro; Bahías de Huatulco, Oaxaca sin la infraestructura en tierra para la recepción y diseminación de pasajeros; Puerto Costa Maya, Quintana Roo afectado por huracanes; Progreso, Yucatán sufriendo con su muelle de 8.91 Kilómetros y sin ser un real destino de cruceros, como Puerto Chiapas, uno de los elefantes blancos más “notorios” del Pacífico Mexicano Sur; entre otros.
La “guerra anti narco” de Calderón ahuyentó a las líneas de cruceros y generó una percepción de inseguridad en el país, que propició una drástica caída del rubro. Un mayor número de arribos y desembarcos de pasajeros, equivalen a mayor derrama económica y empleos directos e indirectos, lo que estimula el gasto y amplía la gama de servicios en las localidades receptoras.
En el mismo tenor, ello demanda una agresiva industria de servicios ligada al segmento, al igual que un innovador sistema de comercialización externa e interna, en lugar de medidas inhibitorias como los impuestos por pasajero que los hoteleros han tratado de aplicar a las líneas de cruceros.
Estos últimos pusieron en marcha toda una campaña nacional anti cruceros, tratando de imponer un impuesto de entre 30 y 20 dólares por pasajero, con el apoyo de cierto sector del Congreso y la Secretaría de Turismo (SECTUR). La aplicación de esos derechos generó molestia en las líneas de cruceros, que propició la amenaza de estas de salirse de las costas mexicanas en caso de insistir en el pago de tales derechos (que finalmente quedaron en 6 dólares por pasajero, pero sin llevarse a la práctica).
En lugar de combatirlas, una adecuada salida es o debiera ser la asociación con ellas o creación de sinergias con tour operadores, agentes navieros, desarrolladores, regiones y localidades, así como los tres niveles de gobierno culminando con la creación de una línea de cruceros mexicana para desarrollar nichos o mercados potenciales, como el Mar de Cortés y servicios integrales de origen.
Asimismo, la construcción y habilitación de infraestructura especializada para los próximos 25 y 50 años que lleve como objetivo crucial, la creación de un puerto base o HOME PORT litoral, que en conjunto dejen una derrama superior al resto del turismo nacional, imbricado en sol y playa, terrestre y ecoturismo.
El desafío o éxito no es sólo atraer cruceros a nuestras costas, sino desarrollar y ampliar la capacidad de recepción en tierra y aire, a través de esquemas de participación conjunta, donde se integren a los diversos actores; se generen sinergias entre empresas y autoridades; desarrollo de infraestructura para navíos de origen y destino; así como servicios integrales en toda la cadena de valor.
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