ONU: desapariciones forzadas

Raúl Jiménez Vázquez

Desde el seno mismo de la ONU, dos de sus órganos fundamentales en materia de preservación de derechos humanos han lanzado severas críticas al Estado mexicano, según las cuales las desapariciones forzadas y las torturas y demás tratos inhumanos, crueles o degradantes, son una práctica generalizada imperante en nuestro país desde la guerra sucia de los años setenta. Como dijo el Papa: la cosa está de terror.

Tales patologías no son coyunturales, sino que se trata de aberraciones estructurales cuya fuente es la banalización del mal, teoría postulada por la filósofa Hannah Arendt en su obra cumbre Eichmann en Jerusalen a fin de explicar el origen de las atrocidades cometidas por los nazis, pues a lo largo del tiempo los gobernantes han tolerado y aceptado como normal lo que es intrínsecamente anormal, inmoral y antijurídico: las desapariciones a manos de agentes del Estado y las torturas por parte de policías, ministerios públicos y miembros de las fuerzas armadas; perversidades rayanas en la locura que están perfectamente reflejadas en el mural del artista Cauduro que corona uno de los muros del edificio sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa se inscribe en ese contexto y por ello este doloroso caso afloró en la pasada reunión interparlamentaria México-Unión Europea. En contra de algunos priistas que minimizaron la tragedia de Iguala, en el pronunciamiento emitido por ambas delegaciones se reiteró la condena del Parlamento Europeo el 23 de octubre y la solicitud de que se brinde la máxima protección posible a los familiares y a sus abogados.

Dentro del texto binacional también se hizo un llamado al presidente Peña Nieto para que la investigación no sea cerrada hasta obtener la certeza absoluta sobre el destino de las víctimas. Más aún, expresamente se instó al gobierno mexicano a que dicha indagatoria sea exhaustiva y completa y se condene efectivamente a todos los responsables, cualquiera que sea su nivel.

Las contrapartes de los legisladores nacionales asumieron los siguientes compromisos: I) dar voz a los padres de los muchachos desaparecidos, II) plantear a la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo la posibilidad de que ellos, sus abogados y los activistas que los acompañan tengan acceso al fondo de ayuda para la investigación de violaciones graves a los derechos fundamentales, III) presionar a fin de que este tema forme parte de la agenda bajo la cual se realizará el diálogo de alto nivel que próximamente sostendrán México y la Unión Europea.

Ésta es una tercera llamada internacional que desafortunadamente no ha sido acogida ni valorada en toda su dimensión. Negar la realidad, hacer lo que el avestruz y continuar con la ampulosa retórica de una normalidad inexistente es el camino que puede conducir al agravamiento del desastre humanitario que estamos viviendo.