David Boyás
¿Qué hay en común entre Bolívar Echeverría, Carlos Monsiváis y José María Pérez Gay? No sólo fueron amigos en vida, compañeros de luchas políticas y miembros ilustres de la República de las letras mexicanas. Los tres poseyeron un talante especial para la crítica política desde la creación literaria.
El pasado lunes 2 de marzo se reunieron amigos, intelectuales y el público en general que tanto siguió a estos autores en la ya tradicional sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes para un sentido Homenaje triple, al que acudieron la catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y viuda de Bolívar Echeverría, Raquel Serur, las profesoras de la Universidad de Berlín, Marianne Braig, Martha Zapata y Teresa Orozco, así como la investigadora en asuntos de género Marta Lamas, como moderadora.
Ahí Marianne Braig contextualizó el Berlín de los sesenta, ciudad de posguerra que atrajo a estudiantes de todo el mundo a su Universidad por su relativa independencia cultural de los dos grandes bloques, soviético y capitalista, que tenían al mundo en la expectativa de la Guerra Fría.
Tal fue la urbe que conocieron Bolívar Echeverría (Riobamba, Ecuador, 31 de enero de 1941–Ciudad de México, 5 de junio de2010) y José María Pérez Gay (Ciudad de México, 15 de febrero de 1944–26 de mayo, 2013), pues tuvieron la fortuna de realizar estudios filosóficos en la Libre de Berlín y regresar a México con ímpetus de una nueva interpretación marxista que llevaron al primero a convertirse en uno de los filósofos más importantes y propositivos de América en el siglo XX y al segundo en novelista, pensador y crítico destacado y respetado como autoridad por prácticamente todo el mundo.
Esto, amén de sus incansables combates políticos que le dieron sustento ideológico a las luchas más recientes de la izquierda mexicana.
Para Raquel Serur, la fuerza de las ideas traídas por Pérez Gay y Echeverría a México hace eco en Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 4 de mayo de 1938-19 de junio de 2010) y el ensayista apuesta por ser la voz de los movimientos políticos y sociales marginales, que pone en el centro. Pretende crear un estilo literario propio que legitime la revolución cultural e ideológica para poder apoyar así a la lucha social.
Para la filósofa Teresa Orozco, Berlín fue el espacio idóneo no sólo para el encuentro de estos tres grandes de las letras mexicanas, sino para toda diáspora que desde el siglo XIX se encontró con otras en esta ciudad. Desde escritores que huían del nazismo hasta la migración del Este, Berlín ha sido punto de encuentro de las más variadas mentalidades.
No es casualidad que estos tres autores hayan realizado visitas juntos a la que hoy es una de las ciudades con más arte en el mundo. Los tres sabían que lo cosmopolita en Berlín se volvía un grito de reivindicación marginal desde todas las perspectivas.
Aunque ya desaparecidos, su obra queda como testimonio fiel y perenne de los intentos de la juventud del siglo XX por cambiar los paradigmas de pensamiento ante un nuevo orden mundial surgido a partir de la Segunda Gran Guerra.
