Políticos contra mujeres

 

 

René Avilés Fabila

 Los políticos, amantes del doble discurso, y las mujeres, desprotegidas en países como el nuestro, tienen un enfrentamiento sordo y tenaz. Ellos hablan de paridad de género, de respetar los derechos de las mujeres, de no violencia doméstica, pero al mismo tiempo uno habla de ellas como la que debe llevarle al varón las pantuflas, pues “son rebuenas para sus labores”, otro le levanta el vestido a una en plena fiesta de funcionarios modestos y ebrios, del mismo modo que hace algunos años, el mismísimo presidente de la república, Vicente Fox, las calificó como “lavadoras de dos patas”.

No ha sido fácil hacer que los partidos respeten la paridad de género. A ninguno le hace gracias. En ninguno de los partidos una mujer encabeza la lista de plurinominales, de aquéllos que no tienen que hacer nada, ni campaña ni molestarse en ganar el voto porque ya es automática su selección. Son las mujeres las que se han ido imponiendo a base de esfuerzos. No es fácil luchar contra una sociedad machista, donde para empezar el Estado es macho y se empeña en someter a sus ciudadanos, a los que ve como súbditos. Por ello, la UAM, unidad Xochimilco, acaba de editar un libro importante: ¡Basta!, cien mujeres contra la violencia de género, una obra conmovedora e inteligente, donde participaron mujeres de toda índole, pobres, de clase media, profesionistas, alumnas universitarias, madres solteras, empleadas de escasos recursos y hasta escritoras profesionales de amplia experiencia literaria. Dejan testimonio de la situación en México, distante de la retórica oficial.

El libro ha sido presentado en la FIL de Minería y en la propia UAM-X, con éxito, a pesar de la ausencia de los medios de comunicación en pleno y de la presencia de las feministas profesionales.

La lista interminable de feminicidios es prueba del irrespeto a las mujeres. La mayor parte de las mujeres asesinadas brutalmente, debido el célebre machismo, por la violencia desatada contra ellas tanto en el DF como en las fronteras y en diversos puntos de la república.

Una colega me decía de la imposibilidad de entrar en un bar sola a tomarse una copa, como lo hacen los hombres porque de inmediato la asedian borrachos que tratan de conquistarla. Los medios de comunicación brindan con regularidad pruebas de violencia contra las mujeres y sí existen nuevas leyes que las protegen, pero en la vida diaria, en la realidad, fuera de la visión política, es distinto y las mujeres son vulnerables.

De eso trata la obra mencionada, la que vale la pena hacerla llegar a la clase dirigente, en donde hasta las mismas funcionarias se vuelven contra sus compañeras, machas, como han aprendido a ser en las lides políticas y laborales.

Amigas funcionarias me comentan que la peor enemiga de una mujer es otra mujer. En ese caso debiera existir una solidaridad de género.

Es tiempo de dejar de lado las frases hechas, los falsos valores y repensar la nación. Para suprimir la violencia de género requiere se reorganización de la sociedad, nuevas maneras de educarla y un cambio de mentalidad ciudadana y de cultura.

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