La histórica, no la de ahora
René Avilés Fabila
La izquierda histórica —no la que hoy medra y destaca a través de falsedades, ocurrencias y hasta crímenes— solía tener algo que antiguamente se denominaba solidaridad internacional y un poco antes solidaridad proletaria. Cada vez que ocurría una agresión contra militantes comunistas en cualquier parte del mundo o se cometían asesinatos o crímenes contra la humanidad, había protestas en México. Recuerdo muchas.
Cuando la República española recibió la agresión franquista apoyada por fascistas italianos y alemanes, de la nación salieron mexicanos a combatir, como el muralista David Alfaro Siqueiros o intelectuales a dar la pelea con las ideas.
En los inicios de la Revolución Cubana, cuando la isla recibía las primeras agresiones norteamericanas, los jóvenes salieron a las calles a manifestarse, a protestar. Y para qué hablar de uno de los genocidios norteamericanos, los criminales bombardeos a Vietnam: en las calles de varias ciudades mexicanas hubo protestas, manifestaciones y mítines, paros de actividades en algunas universidades públicas.
Con los brutales cambios de fines del siglo pasado en la composición de los partidos mexicanos, los que recibieron como herencia sólo los deseos de llegar al poder y no solidarizarse con aquellos pueblos o sectores masacrados, han pasado a centrarse en lo redituable, en los errores del mismo sistema político que conforman. A los muchachos de Ayotzinapa no los mató el imperio norteamericano, fueron afamados perredistas en complicidad con sus dirigentes que ahora militan en Morena. El gobierno es responsable por negligencia e incapacidad.
En Israel la situación se agrava para el pueblo palestino, a diario el poderoso ejército judío mata familias enteras; en Iraq y en otras zonas del Oriente Medio, Estados Unidos hace y deshace, sus aberraciones son monstruosas, en Guantánamo torturan impunemente, el presidente Obama finge no saber lo que en esa base naval ocurre y hasta nos presume su Premio Nobel de la Paz.
Mientras tanto, ¿qué hace la izquierda mexicana? Nada más que matarse entre sí por la repartición de los cargos. Hace cualquier cosa por desprestigiar a sus rivales. Pero jamás se le ocurre protestar en las calles o solicitar la renuncia de Peña Nieto por la muerte de mexicanos en Estados Unidos.
Se acabaron las preocupaciones de los imaginarios izquierdistas nacionales. Los intelectuales y periodistas al servicio de esa extraña causa prefieren firmar manifiestos o hacer declaraciones culpando al gobierno. Al fin que resiste todo y se queda callado. No importa cuántas injusticias se cometan en Oriente Medio o en Asia o de pronto hasta en Europa, donde reaparece el racismo contra africanos y orientales, como subsiste en Estados Unidos a pesar de tener un presidente negro.
Es terrible ver la izquierda mexicana actual. Tan preocupada por sus propios intereses y tan distante de las desgracias de otras naciones o grupos raciales. Se extinguió la solidaridad internacional que tuvo momentos estelares con Lázaro Cárdenas y con una izquierda provista de una ideología y en busca del bien común, no el de sus dirigentes.
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