Así, no tiene porvenir
Humberto Musacchio
Fue obvio desde el principio: una reforma educativa no tiene porvenir si en ella no participan quienes han de llevarla a la práctica, que son precisamente los maestros. Al comparecer ante los senadores, esa apreciación la confirmó el subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda, para quien la reforma se ha convertido “en una problemática generalizada” para dos millones de integrantes del magisterio.
En un sexenio especialmente explosivo, la reforma no ha mejorado la educación, pero sí ha desquiciado a buena parte del país, pues además de los estados de Michoacán, Guerrero y Oaxaca, en decenas de ciudades de otras entidades los profesores han realizado actos de protesta.
Hasta ahora, la Secretaría de Educación Pública ha pretendido hacernos creer que no pasa nada, que la reforma goza de la aceptación del magisterio y que en todo caso las protestas son de minorías sin importancia. Por contraste, en Gobernación sí se analizan y tratan los problemas que ha suscitado el proceso en su primera etapa.
Pero en la Secretaría de Educación Pública consideran que la letra con sangre entra y que basta con ponerse severos para que todo marche sobre ruedas. Contra esa absurda creencia, voces autorizadas se manifestaron en el foro El INEE y la Evaluación Docente y coincidieron en que la evaluación tiene un carácter punitivo, pues no busca mejorar la calidad de la educación, sino “castigar, sancionar o remover” a maestros; es “centralizadora, parcial y uniforme” además de “autoritaria, vertical y aplicada desde el gobierno”.
Hay un exceso de jactancia cuando la Secretaría de Educación Pública anuncia que está lista para sustituir hasta 75 mil docentes si no aprueban la evaluación de marras o si continúan en plan de rebeldía. Los profesores ―buenos, malos o regulares— no se inventan. Son producto de un largo proceso y es el Estado quien tiene la mayor responsabilidad, pues en las normales públicas se forma la inmensa mayoría de los educadores.
Mientras la Secretaría de Educación Pública pretende imponer su reforma a rajatabla, Gobernación ha sostenido 179 reuniones con el magisterio disidente, ha hecho concesiones y firmado convenios para restarle volatilidad al momento que vive el país. El panismo cavernícola quisiera que hablaran las macanas y así se lo expresaron al subsecretario Miranda. Incluso hubo un priista, Daniel Amador Gaxiola, charrito del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que llamó a Gobernación a terminar con las reuniones, lo que expresa su paupérrima idea de la política. Evidentemente, en el gobierno federal no se ponen de acuerdo ante el desbarajuste originado por la reforma educativa.
