Se reescriben continuamente
René Anaya
Ahora que se inician las campañas electorales, y que somos bombardeados con la propaganda de los partidos políticos, muchos de los candidatos desean que nuestros recuerdos sean reescritos para olvidarnos de los errores o infracciones cometidos por sus candidatos o correligionarios.
Lo malo para los ciudadanos es que sí se pueden reescribir los recuerdos, lo bueno para todos es que no es tan fácil manipular los sucesos pasados, aunque por los resultados de elecciones pasadas pareciera que sí se puede hacer un borrón (de memoria) y cuenta nueva.
Un dogma de más de cien años
En 1900, los alemanes Georg Elias Müller y Alfons Pilzecker publicaron un trabajo sobre la manera en que se graban y almacenan los recuerdos. Los investigadores consideraban que los recuerdos eran frágiles cuando se formaban pero que con el tiempo se consolidaban y permanecían intactos en el cerebro, listos para ser revividos cuando se requirieran.
De esa hipótesis inicial se pasó a la realización de numerosos experimentos para descubrir la forma en que sucedía esa consolidación de la memoria. Se descubrió que no se puede hablar de una sola memoria, sino que por lo menos hay tres tipos de memoria: episódica, es la del recuerdo de acontecimientos pasados concretos; de procedimiento, se refiere a la capacidad de recordar habilidades motrices como andar en bicicleta o preparar un platillo; del miedo, es la sensación de angustia que aparece al recordar una experiencia física o emocional que puso en riesgo la vida.
En la década de 1960, varios grupos de investigadores experimentaron con ratas la teoría de la consolidación de la memoria, en especial la del miedo. Donald J. Lewis, de la Universidad de Rutgers, en Estados Unidos, demostró que las ratas podían perder el miedo asociado a un recuerdo si inmediatamente después de recuperar la memoria del miedo se les aplicaba un fuerte choque electroconvulsivo. El choque las llevaba a una amnesia del miedo.
Por el contrario, cuando se les daba el choque antes de que recuperaran el recuerdo, no había amnesia, por lo que Lewis dedujo que el choque electroconvulsivo administrado en el momento en que se recuperaba el recuerdo podía descomponerlo y reconsolidarlo de otra manera.
En las dos décadas siguientes se realizaron experimentos semejantes que confirmaron la reconsolidación de los recuerdos, lo que contradecía el dogma de que una vez consolidados los recuerdos en el cerebro quedaban fijos en la memoria, sin posibilidad de ser modificados.
Ya en este siglo se realizaron experimentos no únicamente con choques eléctricos, sino también con sustancias que bloquean la síntesis de proteínas directamente en la amígdala (estructura cerebral donde residen los recuerdos emocionales y sentimientos) y tienen un efecto similar al de los choques electroconvulsivos.
Los recuerdos están hechos de vivencias
La neurocientífica Daniela Schiller realizó un experimento con voluntarios a quienes les mostró un cuadrado azul y después les aplicó un choque eléctrico, hasta que asociaron el cuadrado azul con el choque. Al día siguiente, les mostró el cuadro azul sin que siguiera el choque, encontró que se rompía la asociación entre el cuadrado azul y el temor al choque, es decir que se reescribía el recuerdo.
En la Universidad de Uppsala, en Suecia, el investigador Thomas Agren y colegas repitieron el experimento, pero además realizaron resonancia magnética nuclear del cerebro y demostraron que es en la amígdala donde se guarda el recuerdo modificado. Por su parte, el investigador Yan-Xue Xue, de la Universidad de Pekín, informó de un trabajo semejante con adictos a la heroína, en quienes manipuló su memoria para reescribir su asociación de estímulos ambientales con su ansiedad por consumir droga.
Estas investigaciones en el futuro podrán ser de utilidad para tratar a personas con el síndrome de estrés postraumático (personas que han sufrido un episodio dramático como guerra, secuestro, muerte violenta de un familiar) ya que la administración de la terapia de choque electroconvulsivo o de medicamentos que bloquean a ciertos neurotransmisores podría ayudar a reescribir los recuerdos sin su fuerte componente emocional.
Gracia a estas investigaciones, ahora se sabe que cuando se cuenta a alguien una experiencia placentera o dolorosa, se revive ese acontecimiento con otros elementos que se incorporan de la vivencia posterior a esa situación, porque continuamente estamos reescribiendo nuestra historia, ya que como ha señalado la doctora Daniela Schiller: “La memoria es lo que eres ahora. No en fotos, no en grabaciones. Tu memoria es quien eres ahora mismo”.
reneanaya2000@gmail.com
f/ René Anaya Periodista Científico
