Una vergüenza
Humberto Musacchio
Desde hace varios sexenios, operan policías gringos en territorio mexicano, pero han cobrado visibilidad desde el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), quien hizo un gran esfuerzo por ser y parecer criado de Washington, lo que logró ampliamente, sobre todo al convertirse en ejecutivo de las empresas estadounidense a las que antes favoreció.
Esos policías extranjeros (también los hay españoles) han venido actuando con un desparpajo cada vez mayor, como lo puso en evidencia la operación Rápido y Furioso, que entregó a las mafias una gran cantidad de armas, a ciencia y paciencia del gobierno mexicano.
Sin embargo, hasta ahora los policías extranjeros debían actuar desarmados. Por lo menos ése era el acuerdo que existía, aunque en la práctica procedían según su real gana y desde luego se desplazaban por el territorio mexicano portando sus pistolones, pero se supone que no debían hacerlo.
El Senado de la República, preocupado por que la realidad se refleje en las leyes, aprobó hace unos días una reforma a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos con el fin de que los agentes aduanales y de migración de Estados Unidos puedan portar armas, lo que significa que también podrán usarlas y matar mexicanos.
La reforma fue aprobada por 78 votos a favor, del PRI, el PAN y sus paleros, y 20 votos en contra, entre otros el de la panista Gabriela Cuevas, que mostró más vergüenza y espíritu patriótico que sus compañeros de partido. La votación, si hiciera falta, demuestra una vez más que los señores senadores votan por consigna y votan lo que sea, incluida la cesión de soberanía, hoy en la cuestión de las armas, mañana en la entrega de la península de Baja California.
Ya es muy grave que se autorice la operación de policías extranjeros en México y que ahora se les permita andar armados, como si el territorio nacional fuera cualquier poblado del wild West. Pero hay algo peor, según denuncia del senador Alejandro Encinas, gracias a la misma reforma “el Presidente (de la República) podrá firmar acuerdos bilaterales, como la Iniciativa Mérida u operativos como Rápido y Furioso”, ya sin aval del Legislativo.
Y aún hay más, pues nuestros aeropuertos se convertirán en territorio gringo, donde los agentes aduanales y migratorios del país vecino actuarán con plena autoridad, dizque para facilitar trámites a los viajeros. En fin, que con este gobierno y esta miserable clase política estamos entregando lo que no perdimos en la guerra de 1847. Es una vergüenza.
