Con la política nacional en el cuello
René Avilés Fabila
El tiempo electoral nos abruma, especialmente a los capitalinos. Imposible evadirlo con radio, televisión, cine o el simple recorrer las calles de la urbe. Todo está saturado de insultos, ofensas, mentiras, calumnias. Ninguna propuesta, ninguna idea. Prevalece la estupidez y la falta de imaginación de los políticos mexicanos. No hay evasión posible. Caemos en su mundo de bajezas y ausencia de inteligencia y educación. El PRD y el PAN agradecen al PRI y éste responde con idénticas palabras. López Obrador, ya en campaña presidencial, ofende por parejo a todos los partidos sin mirar a los integrantes del suyo, y así por el estilo. Nada que muestre una lucha política de altura, con argumentos valiosos y aportaciones al país.
La capital, por serlo de un país de atroz centralismo, se lleva la peor parte. Escuchamos la infinita demagogia de todos los partidos, de candidatos prácticamente iletrados. Vemos la incapacidad de los distintos niveles de gobierno. Su ingenuidad al suponer que les creemos. Que no tengamos alternativas es otra cosa. Ir a las urnas a sufragar por lo menos peor, es distinto que tomarlos en serio. Escucharlos debatir es ingresar en el mundo de la ignominia. Pocos se salvan de ser marrulleros y corruptos. Alguien me dijo: No te preocupes, esto no dura mucho, aguanta. Falso, los políticos hacen campañas eternas, siempre están en ello, en busca de votos y de ser noticia en los medios. Eso puede ser natural, lo irritante es que cada uno de ellos se transforma en una máquina de decir mentiras, de hacer demagogia del peor estilo. Si uno desea hacer un gran libro sobre la política en México, basta con recopilar frases, lemas y promesas de campaña: desde panistas, priistas, perredistas y panistas hasta llegar al colmo que se llama Andrés Manuel López Obrador, quien tiene una asombrosa facilidad para mentir y decir tonterías que muchos ciudadanos aplauden.
Sin duda los partidos pequeños, los que han vivido al amparo de los mayores, como el Verde Ecologista y el grupúsculo de Dante Delgado, son quienes se llevan las palmas. No entiendo qué hace el PRI con esta empresa familiar al mismo tiempo que habla de un cambio en su seno.
Pero sus alianzas y enemistades no nos ayudan en nada. Sus lugares comunes y ausencia ideológica contribuyen a crear en los jóvenes, sobre todo, una total decepción y una necesidad de salir a las calles a protestar contra un sistema fallido. ¿Qué les ofrecen a ellos los partidos políticos fuera de mentiras y un largo historial de corrupción e ineptitud? Nada. Los gritos de no ir a las urnas provienen principalmente de estudiantes y en general de muchachos insatisfechos con lo que hace o no hace el sistema. Imposible creer en un solo partido político. Se vota por ellos por dos razones: o no hay remedio o se es parte del voto duro de ese organismo frívolo, superficial y corrupto.
Apenas arrancamos el torneo de bajezas llamado proceso electoral y ya estamos hartos, qué sucederá cuando haya pasado un mes y medio. El número de suicidios podría aumentar.
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