Charla con Luis Jorge Boone/Autor de Cavernas

 

 

Eve Gil

Cavernas es el más reciente libro del versátil autor coahuilense Luis Jorge Boone.

Como suele suceder con los pocos autores que manejan más de un género, y lo hacen muy bien —caso de Boone— los lectores, y mayormente la crítica, no atinan a ubicarlo como narrador o poeta, pero lo cierto es que ha obtenido once premios nacionales tanto en un género como en otro, entre ellos, el Gilberto Owen 2013.

“No me gusta separar mis facetas —señala Luis Jorge—. La que me enseñó a ser escritor fue la poesía. No distinguía la división entre los que se dicen poetas o narradores, lo que me atraía era el poder del ritmo y de las historia, y esa actitud es la misma en mí como escritor, es decir, procuro aplicar los mismos parámetros como lector, tanto en mi poesía como en mi narrativa”.

Lo que me dijo Pacheco

“Como lector también empecé con la poesía —prosigue un sonriente Luis Jorge—. La única vez que tuve oportunidad de conversar con José Emilio Pacheco, me dijo: «Sé que vas a ser un escritor dividido. Unos te leerán como una cosa, otros, como otra. La gente elige cuál es el que vale la pena, aunque en realidad una sea continuación de la otra»”.

Cavernas es una colección de diez relatos, ordenados en tres apartados: “Con un frío abrazo de tu espectro”, Últimas, verdaderas, irrefutables teorías acerca de la extinción de la raza humana” y “Ni el péndulo, ni la arena, ni el átomo, ni el sol”. Formalmente hablando, estos relatos encajan en el género fantástico, pero Luis Jorge nos hace ver que tienen mucho que ver con su propia realidad.

“El primero de los relatos que escribí —dice—, viviendo en Monclova, sería calificado como fantástico. Nunca he estado lejos de ese género, de hecho podría decir que crecí en medio de él, de ese género tontamente menospreciado, y que en casos como el mío, personas criadas en lugares pequeños y remotos, forman parte de la cotidianidad. Me preguntan si en caso de escribir una novela sería fantástica o realista. Claro que no voy a responder a esa pregunta, ¡y claro que voy a escribir una novela!, pero no me preocupa tanto en qué género encajaría. Siento que es cuestión de domesticar tanto la imaginación como las estructuras; estar pendiente de las bromas que te juega la realidad, que es donde tiene su origen la ficción. Una cosa no funciona sin la otra. Tampoco la realidad sería posible sin la ficción”.

Contrario a lo que sucede en la literatura gótica ortodoxa —género que también brinda más de un guiño en estos relatos— el mundo de Luis Jorge está lleno de calor y luz; es un ámbito cegador; la mayoría de las cosas terribles ocurren en el día, bajo el veleidoso sol del desierto.

El desierto

“Pueblos perdidos en el sueño —explica el también poeta—, historias llenas de calor ambiental que se dejan sentir, por ejemplo, en el cuento de la procesión de los niños o en el de los muchachos de la carretera. La muralla se encuentra entre Saltillo y Monclova, las historias han surgido de allí, de hecho, algunas son muy conocidas por allá: la historia de los niños scouts en busca de la leyenda. Yo la escuché siendo muy niño. Se sigue repitiendo como un eco”.

El desierto podría ser el más aterrador de los escenarios, parecieran decirlos los relatos de Cavernas.

“El desierto —dice— es engañoso; un sitio agreste. Pareciera que no sucede nada, pero yo sugiero a sus viajantes que se queden mirando fijamente por un rato y esperen a que surja lo terrible. ¡No hay pierde! El desierto no solo es silencioso, es el epítome del silencio. No es raro que la gente que habita parajes desérticos sea callada, algo a lo que también le saco mucho provecho. Daniel Sada decía que sus personajes eran rancheros que habían tenido que hablar solo para casarse, saludar y enterrar a su pareja. Esa clase de vida es de un aislamiento totalmente inimaginable para este mundo interconectado. El tipo de personajes que me gustan son observadores de los quiebres de la realidad, pero no pasivos ni incrédulos: en cierta forma están esperando que algo suceda”.

“La realidad que yo manejo es una a la que me gusta llamar «daimonica» —prosigue el también autor del poemario Traducción a lengua extraña—, viene de una realidad en la que te hacen ignorar lo que parece que no está ahí, lo cual es una de las peores mutilaciones que se le han hecho a los seres humanos. Es negar una parte vital de nosotros mismos. Una parte tan valiosa como lo es el subconsciente, que es con la que más trabajan los escritores. Siempre he dicho que no se puede escribir sobre algo en lo que no se cree. Hay que creer firmemente en ello, en lo que se escribe”.

Actualmente, tal como se ha dejado entrever a lo largo de esta charla, Jorge Luis trabaja en una novela: “Está muy relacionada con estas atmósferas. Llevo unos cuatro años trabajando con ella y confrontando notas, haciendo dibujos, estructuras. Me gusta rodearme de lo que no le sirve al lector, pero es básico para el autor, llena libretas de esbozos y notas”.

Luis Jorge Boone nació en Monclova, Coahuila, en 1977 y Cavernas lo publicó Era, México, 2015.