Sara Rosalía
La UNAM (pagar es corresponder) le rindió homenaje a José Revueltas por su centenario en 2014. El motivo del retraso fue que hubo paros en esa casa de estudios, con motivo del caso de Ayotzinapa. La inauguración del homenaje corrió a cargo de Gloria Vlllegas, directora de la Facultad de Filosofía y Letras. La Dra. Villegas recordó que Revueltas siempre perteneció a la UNAM y particularmente a la Facultad de Filosofía y Letras. La muestra era breve, pero entrañable. Unas cuantas fotos en compañía del fotógrafo Julio Pliego. Alguna con el poeta Efraín Huerta. Su escritorio, una de sus máquinas de escribir, (una de ellas fue destruida en Lecumberri en un ataque de los presos comunes a los políticos), sus grandes relojes, sus lentes. Su premio Ariel por La otra y una Diosa de Plata, creo que por El apando. El homenaje de Filosofía y Letras, organizado por el Dr. Javier Cuétara, comenzó con un conversatorio entre la Dra. Eugenia Revueltas y la especialista del Instituto de Investigaciones Filológicas Edith Negrín. Eugenia contó anécdotas familiares y se refirió al desamparo de su tío José y a la persecución gubernamental que lo acosó toda su vida. En la tarde, dos mesas, una con tres jóvenes, una de ellas biznieta del escritor. La ponencia de Emiliano Martínez Escoto fue leída por Carlos Narro, moderador y conductor de la mesa. Otro estudiante José Manuel Mateo se refirió a las estrategias narrativas de Los errores, la obra cumbre del escritor y Javier Sáinz Paz, responsable del libro iconográfico que con motivo del centenario de Revueltas editó el Fondo de Cultura Económica, deleitó a los asistentes con fotos y comentaros sobre las imágenes. Había fotos familiares como una de Revueltas con su hija Andrea en París y otras incluso sugeridas por su obra literaria. La maestra Carmen Galindo señaló que la militancia política y la obra literaria de Revueltas perseguían el mismo fin, la desenajenación del hombre.
Al día siguiente, en la Sala Covarrubias, el propio rector de la UNAM, el Dr. José Narro lo describió como “luchador empedernido, novelista de la verdad y la existencia, pintor de la injusticia y en la lucha contra ella, realista, rebelde, solidario, soñador y universitario”. Este último calificativo hubiera llenado de orgullo a Revueltas que se consideraba autodidacta. Ya Jaime Labastida, en el homenaje que le rindió Conaculta el año pasado, afirmó que los académicos deberían leer con más cuidado los textos filosóficos de Revueltas. (En este suplemento, se publicó el texto de David Moreno que comenta con todo rigor el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza y Dialéctica de la conciencia, en los cuales en un solo rasgo se dice que lo primero es lograr la independencia ideológica de la clase obrera para avanzar en la liberación política).
El filósofo Roberto Escudero comenzó por decir que nunca hubo un nombre más bien puesto como el de Revueltas. Advirtió, porque bien lo conocía, que “este homenaje se hace con él y tal vez contra él, porque no era un escritor que buscara laudos, pero el caso es que de éste no se salvó”. Y añadió: Salud, compañero Revueltas”.
Al día siguiente, se continuó el homenaje en el Centro de Estudios Cinematográficos, pues no hay que olvidar que Revueltas escribió numerosos guiones, entre ellos el de La otra, que obtuvo el Premio Ariel. Sin embargo, el plato fuerte fueron los recuerdos de Selma Beradu en diálogo con Ricardo Valero. En el 68, Revueltas con Arturo Azuela e Ignacio Osorio se reunían en casa de la actriz Selma Beraud. Más tarde, cuando el escritor estaba preso en Lecumberri, Selma le llevaba el nada proletario platillo de Camarones al ajillo y una gelatina que cuenta la leyenda estaba preparada con vodka.
