LA CULTURA HOY, MAÑANA Y SIEMPRE QUINTO AÑO. NÚMERO 116

 

Dos escritores han muerto el 13 abril de 2015, uno es el uruguayo Eduardo Galano; el otro, el alemán Günter Grass, los dos revolucionaron las letras y las conciencias. Grass había nacido en 1927, Galeano en 1940. Con El tambor de hojalata, el alemán ingresó a la fama mundial con un libro delirante, desconcertante y un personaje extraño, tal vez demente. Galeano inventó una nueva forma de escribir la historia, dejándose ganar por las leyendas y una forma de contarla en textos breves que lindan con la poesía. Galeano fue sin duda historiador del pueblo, pero también creador de una literatura de excepción. En una primera nota, Jesús Hernández Garibay rebate a los detractores de Galeano y con esa defensa muestra que para muchos Eduardo Galeano sigue siendo peligroso. Igual sucede con Günter Grass a quienes sus detractores reprochan que a los 17 años fue reclutado por los nazis. En cambio, los pueblos, en especial los más jóvenes, leen a Galeano y otros Premios Nobel, como Böll, Jelinek, Saramago o Darío Fo elogian a Grass. Por cierto, Héctor Orestes Aguilar recordó oportunamente que en una visita de Grass a México: “En aquella ocasión, Grass olvidó sus anteojos en el hotel. Entonces, Rulfo le dijo: Mire, le presto mis anteojos para leer. A lo que Grass respondió: Gracias a esta ocasión mágica voy a poder leer a través de la mirada de un gran escritor”. Los mismos que han tratado de combatir a Rulfo, y por las mismas razones, son los que han tratado de arrebatar a Grass su papel de “ciudadano más combativo de Alemania”. A las notas sobre estos dos grandes, se añade una breve reseña del homenaje que la UNAM rindió a José Revueltas, en su centenario y que por los hechos de Ayotzinapa no se pudo realizar el año pasado y ahora se organizó alrededor del 14 de abril, día de su muerte. Dos textos de Galeano completan, y engalanan, este número. (C. G.)