El escritor Juan Goytisolo, recibió de manos del rey Felipe VI, el premio Cervantes, el máximo galardón de las letras españolas, en un acto celebrado en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, localidad donde nació Miguel Cervantes,

Juan Goytisolo, recibió el premio con un discurso titulado “A      la llana y sin rodeos”, que leyó vestido con saco y corbata en lugar del tradicional chaqué.

Comenzó recordando sus inicios como escritor cuando era como uno de esos “incurables aprendices de escribidor, que conciben la escritura como una adicción” “incurrí en la vanagloria del éxito”, comento, para recordar a continuación que ·la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como la Regenta o durante siglos como La Lozana andaluza”. Entonces recordó a Cervantes para decir, que quienes adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginas siquiera que la fuerza genésica de su novela le sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras y épocas.

Incómodo, Intelectual, comprometido y heterodoxo, Goytisolo reconoció recibir el galardón sin ninguna emoción, comentó tener la sensación agridulce que le produce el hecho de ser premiado: “Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mi mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor, aseguró que para definirse al igual que Carlos fuentes, “de nacionalidad cervantina”, mi instintiva reserva a los nacionalismo de toda índoles me ha llevado a abrazar la identidad cervantina, el escritor explico en ese sentido que “Cervantear”, es aventurarse en el territorio incierto de los desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía”.

También habló sobre la situación de España, un país que sufre desde hace años una grave crisis económica, y de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos, manifestó que las razones para indignarse con múltiples y que el escritor no puede ignorarlas.