Crisis de los partidos y la ciencia política

Alfredo Ríos Camarena

La ciencia política como disciplina académica es reciente, pues si bien existe el arte de la política desde el principio de los tiempos, y se han publicado obras como El Príncipe, de Maquiavelo, que explica la política como un arte, es en 1903 cuando se crea la Asociación Americana de Ciencia Política, donde se pretende que esta disciplina tenga un carácter diferenciado y autónomo.

Al respecto, el tratadista Duverger afirmó: “Todavía es imposible definir, aún con este alcance limitado, las verdaderas leyes sociológicas que rigen este campo; es muy escaso el número de estudios serios y profundos sobre el tema. Aquí, como en todas partes, la ciencia política permanece en el estado de la hipótesis y no ha alcanzado el de las leyes”.

A pesar de los esfuerzos cientificistas de teóricos como Easton, Lipset o Sartori, no se han podido establecer a plenitud las leyes que determinan esta importante actividad humana. De lo que no hay duda es que estamos frente a la ciencia del poder, y por supuesto, del desarrollo de los sistemas electorales y de partidos.

La democracia partidista, a juicio del propio Duverger, ha sufrido una patología crónica que consiste en la cerrazón de las cúpulas y la verticalidad de los partidos, que denomina partitocracia. México no es la excepción, los partidos políticos —a pesar de las recientes reformas— cada día se alejan más de la ciudadanía y de sus propios militantes, se han convertido en pequeños grupúsculos que controlan las candidaturas al Congreso, a las gubernaturas, a las presidencias municipales y, por supuesto, a la presidencia de la república.

Las candidaturas independientes, si fueran legisladas de una manera más sencilla y clara, podrían ser una de las puertas de acceso a una auténtica democracia.

El ambiente que se percibe en el electorado nacional es de falta de interés en el resultado de las elecciones federales, por lo que no sería descabellado que en el corto plazo se proponga una “nueva reforma política” que construya con mayor efectividad el ingreso en la democracia.

Mientras tanto, en el enfrentamiento del próximo 7 de junio seguramente perderán su registro más de dos partidos. Pero el caso del Partido Verde y la cauda de multas y sanciones que ha recibido son un ejemplo evidente de la necesidad de una reforma política, que baje el costo de las elecciones. Una vez que sepamos los resultados de esta próxima elección, particularmente la federal, los partidos y legisladores tendrán la tarea de recobrar la confianza popular a través de una metodología más abierta, menos complicada y de mayor participación ciudadana.

Si queremos que el país cambie, es urgente volver a insistir en una nueva reforma política.

El desarrollo de los partidos políticos está en una crisis global de la que sólo se podrá salir con ideas frescas y modernas, y por supuesto, con un proyecto de igualdad social que no se ve por ningún parte.