REPORTAJE              

 

Veinte años después

 

 

Santiago I. Soriano Condado

En 1993, escribía el doctor en derecho Jaime Cárdenas Gracia sobre la entonces reciente reforma política del DF que “muchos de los propósitos del gobierno y de la oposición quedaron satisfechos parcialmente”. Además sentenciaba lo que en adelante sería un proceso lento pues afirmaba en el ensayo Reflexiones sobre la reforma política al DF que “en cuanto a la democratización del DF, es necesario entender que la reforma es una etapa más de un proceso que no ha concluido”.

No se equivocaba, pues le tomaría a la capital del país y todos los actores políticos relacionados con la legislación necesaria para concretar la enmienda constitucional, más de 20 años. En plena época electoral.

Hay humo blanco

 

El pasado domingo 19 de abril, el presidente de la Comisión del Distrito Federal, Mario Delgado, declaró lo que pocos imaginarían tras años de estira y afloja legislativo: que la reforma política de la ciudad iba a hacerse realidad, a más tardar, el jueves siguiente; es decir, el 24 de abril, sin embargo, se votará hasta el próximo martes 28.

Al lado de la senadora panista Mariana Gómez del Campo, el legislador señaló que el punto más polémico de la reforma se destrabó; y éste era que tanto Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal, y el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, se negaban a la creación de una asamblea constituyente para la elaboración de la constitución política de la capital del país.

La metamorfosis

 

Gómez del Campo habló de los avances que ya se tenían; entre los cuales destaca el reconocimiento de las 16 delegaciones como alcaldías, así como la creación de un congreso local que ocuparía el lugar de la actual Asamblea Legislativa (ALDF).

Todo esto implica el establecimiento jurídico y definitivo del Distrito Federal como una entidad federativa; en otras palabras se convertirá en la ciudad capital y en el estado número 32 de la república mexicana.

Consenso sin precedentes

 

Desde la última gran reforma política del DF en 1996, el PRD había luchado por lograr los cambios que hoy, finalmente, se harán realidad.

Mariana Gómez del Campo afirmó que se tiene la venia de todos los involucrados: Emilio Gamboa del PRI, Miguel Barbosa del PRD y Mario Delgado, hoy militante de Morena, y que aunque el proyecto por momentos se vio amenazado por la falta de acuerdos, se logró apuntalarlo.

Sin embargo, hay voces disidentes que ven la sombra de Andrés Manuel López Obrador y su partido, amenazando lo que también se traduciría en un momento dado como un “piso más parejo” para el jefe de gobierno capitalino y sus aspiraciones presidenciales.

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de un contexto crítico en el escenario político y social de México. 

El pendiente de la izquierda

La reforma política del DF que se suscitó en 1996 ocurrió dentro de un contexto crítico en el escenario político y social de México; el entonces presidente Ernesto Zedillo se enfrentaba a la inestabilidad que habían sembrado los magnicidios de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, junto al levantamiento zapatista en Chiapas y el denominado “error de diciembre”.

Carlos Alberto Briseño, analista político de la Universidad de Guadalajara, señala que al Ejecutivo no le quedó más remedio para “darle salida institucional” a la situación convulsa que el país atravesaba en aquel entonces. El PRD fue el mayor beneficiado.

En dicha reforma política se contempló la elección del jefe de Gobierno capitalino para el año siguiente, donde Cuauhtémoc Cárdenas ganara la elección con el 48% de votos, mientras que en la ALDF se hizo del 45.4% de los escaños, convirtiéndose desde entonces y hasta nuestros días en mayoría.

La reforma del 96 también acotó la votación por primera vez para elegir a los 16 jefes delegacionales del DF, de las cuales el PRD ganó 10 y el PAN, seis.

Fue desde entonces cuando el partido del sol azteca inició una batalla en las legislaturas para concretar el DF como un estado más de la república y así fraguar la elaboración de programas de desarrollo y servicios públicos, entre otros beneficios, según analistas.

 

Ahora, con Morena acechando su lugar de honor en el que sin duda es su bastión más fuerte, el PRD luchará por materializar esta reforma en la base de la probable plataforma electoral de su hombre más fuerte tras las fracciones y desbandadas: Miguel Ángel Mancera.

Tras el destape, el logro

El 11 de abril pasado, Carlos Navarrete, dirigente nacional del PRD, destapó al jefe de gobierno capitalino como un “precandidato natural” a la Presidencia de la República en 2018.

Quien en su momento también fuera aspirante para hacerse de la candidatura perredista al gobierno del DF aprovechó el “destape” de Mancera Espinosa para señalar al rival que más inquietud provoca en el seno que encabeza: Andrés Manuel López Obrador, haciendo más evidente quiénes son los protagonistas de la guerra de las izquierdas.

Pese a que Miguel Ángel tomó con mucha mesura las declaraciones de Carlos Navarrete, el jefe de gobierno prefiere que ser leído entre líneas.

Fue en el marco de una reunión con integrantes y especialistas de la Red Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales donde habló sobre “su lucha” por la reforma política del Distrito Federal.

“Les está tocando ser testigos en el tiempo de una discusión en donde buscamos ser reconocidos como la capital de esta república, no sólo en mención sino en todos y cada uno de sus derechos”, puntualizó Mancera.

“Luchamos jurídicamente”, también declaró el jefe de gobierno al referirse a la reforma que en el Senado de la República se discutía. Un logro que apuntará en su lista cuando sean los tiempos de poner los ojos en la sucesión presidencial.

Año de reforma Cambios en la estructura del DF
1986 La Ley Orgánica del DF sufre algunas modificaciones que permiten la creación de la Asamblea de Representantes del DF (ARDF), cuyas funciones fueron administrativas.
1994 El DF se convierte en una entidad federativa; se expide el Estatuto de Gobierno del DF y la ARDF se transforma en la Asamblea Legislativa del DF (ALDF) al ampliarse sus facultades.
1996 Se establece que el jefe de Gobierno será elegido a través del voto secreto, directo y universal de los ciudadanos del DF, anulándose así la facultad del presidente para nombrarlo.

 

Igualmente se concreta que los 16 jefes delegacionales serán elegidos por votaciones a partir del año 2000.

1997 Se promulgan la Ley de Participación Ciudadana del DF y el Código Electoral del Distrito Federal.
2015 El DF se convierte en el estado 32 de la república mexicana, gozará de plenos derechos como capital del país y establecimiento de los poderes de la nación.

 

La ciudad tendrá, por primera vez, su propia constitución política.

Fuente: revista Acta Republicana

Los cambios en la ciudad

 

La especialista e investigadora en ciencia política y relaciones internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) Abigail Martínez Tovar apunta que los proyectos presentados para la reforma política del DF contemplan los siguientes cambios:

  1. El reemplazo de la figura de delegado y hacer la transición a municipios o alcaldías, los cuales serán de elección popular directa.
  2. La creación de una constitución local como ordenamiento máximo de la entidad.
  3. La limitación de los alcances de las atribuciones del Congreso de la Unión sobre la gestión local; por ejemplo, habría autonomía para fijar el monto de endeudamiento con el que actualmente cuenta el DF.
  4. Igualmente se limitarán las facultades del presidente para la ratificación que le corresponde sobre algunos nombramientos del GDF, como el titular de la PGJDF.

¿Y el beneficio ciudadano?

 

La historia de México da cuenta de que gran parte de los actores políticos basan sus discursos en hablar de cambios, los cuales pretenden lograr a través de modificaciones a reformas ya establecidas o de la concreción de nuevas propuestas de ley.

Hoy, los políticos se han limitado a hablar de la reforma política del DF como sinónimo de una mayor participación ciudadana en la observación de las acciones de los funcionarios, una mayor autonomía para la ciudad de México y, por supuesto, el cambio de nombre a las instituciones, como el de las delegaciones que pasarán a ser llamadas alcaldías.

Entonces, ¿cuáles son los beneficios en los que se traduce la reforma política del DF para los ciudadanos? ¿Qué pasaría con la aprobación de esta reforma?

En entrevista con Siempre!, el analista político José Luis Camacho Vargas dijo que “lo que necesitamos es que la reforma política del DF beneficie a los habitantes y que obligue a transparentar la gran cantidad de recursos públicos con que cuenta el gobierno local y las 16 delegaciones, además de que los servicios públicos, que por mandato constitucional se deben de presentar, sean eficaces y eficientes”.

“Hay desafortunadamente una corrupción tremenda, pero no sólo en la ciudad, en las delegaciones, en la estructura del gobierno federal y una deficiencia en los servicios públicos” que, para el analista, con la reforma política se deben erradicar.

Por su parte, el jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, se ha pronunciado al decir que “lo que la gente está pidiendo es que haya definición jurídica en la ciudad de México con mayor autonomía y eso requiere una reforma constitucional”.

El bienestar social dependerá de lo estipulado en el documento, sin embargo, los mismos argumentos en favor de la reforma política del DF mencionados de diferentes maneras dan cuenta de que ni los políticos tienen concretados los objetivos reales con los que pretenden dar un giro a las condiciones de vida de los ciudadanos, que van más allá de cambios administrativos.

Al final nadie habla de los cambios que se generarán a partir de que se apruebe la reforma política del DF ni de los beneficios concretos para los ciudadanos. Nadie da una explicación a fondo de la incidencia social, tan es así que ni siquiera es tema de conversación entre el ciudadano de a pie.

(Con información de Viridiana Vega)