Cómo hacer una campaña política sin esfuerzo

René Avilés Fabila

Tal como muchos analistas serios anticiparon, la campaña electoral es un fraude,  una tomadura de pelo y una completa falta de respeto a la ciudadanía. Los partidos y sus principales actores comenzaron a promoverse antes de tiempo. Algunos fueron sancionados y a otros simplemente se les llamó la atención. Nada sucedió. Ahora los tenemos como participantes de un gigantesco circo de cinco o más pistas y la sociedad muestra su indiferencia, mientras que los medios encuentran notas para contribuir al espectáculo. Los políticos chapulines saltaron al espectáculo y los hay que buscan el voto mostrando sus habilidades para cantar o para exponer sus habilidades como payasos. Los discursos menudean y son todos demagógicos. Los insultos y agresiones son el eje, la médula y todos los partidos y los candidatos muestran una completa ausencia ideológica.

En este trasfondo, el país arde, basta ver lo que ocurre a diario en distintos estados. Los delincuentes están bien armados y organizados y son capaces de derribar helicópteros militares. Las policías están rebasadas y sólo queda esperar que llegue la ayuda de soldados y marinos. Los jefes militares dicen que todo está bajo control y el presidente sigue tal información, pero el caso es que México comienza a parecer peligrosamente un Estado fallido. Nos dicen que avanzamos, que vamos bien, que la normalidad reina, sólo que la realidad es distinta y da miedo.

Mientras los gobernantes miran hacia donde quieren ver y los partidos pugnan por mayores cuotas de poder, la inseguridad crece. Ya no se da sólo en los lugares del norte del país, es Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Jalisco… Al mismo tiempo con brutal imprudencia los maestros de la CETEG atacan, provocan incendios, roban, sustraen materiales escolares, impiden las clases y se enfrentan con total impunidad a los gobernantes, quienes muestran su miedo escondiéndose. Hay un vacío de poder notable. Mancera deja que vandalicen la ciudad capital porque él quiere libertad de expresión y de manifestación, ¿y los ciudadanos afectados que son una mayoría aplastante? Que se jodan.

Entre la incapacidad y la frivolidad el control se le escapa a la clase gobernante. ¿Peña Nieto carece de consejeros hábiles, que conozcan los problemas del país? Imagino que no, pues entonces, que los escuche. Los problemas crecen y México ha dejado de ser un país para convertirse en botín de políticos demagogos y farsantes, donde el crimen organizado es capaz de moverse y aun de crecer, pese a las informaciones alegres que suelen brindarnos.

Tal es la situación de la nación, contada en grandes pinceladas por obvias razones de espacio. Existen dos Méxicos, el que viven los políticos y funcionarios, gozoso y lleno de fantasías, y el que padecemos los habitantes sin poder, triste y en peligro. Lo más grave es que el futuro no es el mejor, el más positivo. Las amenazas crecen y ahora, en plena campaña electoral, vemos claramente a los responsables del desastre: los políticos profesionales. En tal sentido, no hay partidos buenos ni malos, todos son culpables de la deplorable situación que vivimos.

 

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