José Gabriel Ríos

Para tratar de comprender los fenómenos de las sociedades posmodernas, se sugiere la lectura del libro Campo de guerra, de Sergio González Rodríguez (Premio Anagrama de Ensayo 2014).

La definición de “campo”, según el autor de Huesos en el desierto (2002) y El hombre sin cabeza (2009) es ese encuentro con los públicos o muchedumbre, inscritos en el contexto de estrategias, leyes y reformas.

Cualquier forma imaginada de aceptación de sucesos actuales que afectan a la población, políticos, claro, se mueven indistintamente entre la corrupción, la impunidad y la legalidad-ilegalidad.

El encuentro con el concepto “transhumanismo” citado por Sergio Gonzalez Rodríguez, refiere explícitamente a los países, como es el caso de México, invadido por la técnica y más que nada, por el militarismo.

En el libro comentado, bitácora, tal vez, aparecen y desaparecen diseños, artefactos, fotografías, cartografías y mapa(s) de la suave patria, por cierto, una de las más “manoseadas” en el mundo occidental.

Ante tantos movimientos trepidantes, se recrean grupos paramilitares, pandillas, carteles entrenados por los ejércitos de Estados Unidos y México, al servicio del primero (Los Zetas) procurando así su poder hegemónico.

Con el letal objetivo de desviar la mirada y atención de millones de espectadores, se minimizan o maximizan noticias, las que se convierten en el entretenimiento de un país asolado por los medios de comunicación.

De acuerdo a lo “aprehendido” en Campo de guerra, un horizonte infeccioso, depredatorio, blindado y totalitario nos acecha con el incremento del trasiego de drogas y armas, obra y gracia del amigo americano.

La guerra en México dilata su geografía creando una idea, desde la óptica de cierto observador que le “rasca” hasta encontrar el Tratado de Wesfalia, 1648.

Combatir el narcotráfico confiere desgastarse en la “fricción”, por lo que multitud de agencias que llevan a cabo labores de la CIA, ejemplo de ello, la firma Straffer, que por cierto, le permitió a empresarios chinos, apropiarse de predios y casa abandonadas por sus propietarios en Ciudad Juárez.

González Rodríguez menciona la palabra anamorfosis, que aparece en el libro de Giorgio Egamben, Homo sacer. El saber soberano de nuda vida que en su concepto más escueto —nuda vida— es una figura del derecho romano arcaico.

Ante la inseguridad y violencia, el presidente mexicano actual, encadena discursos, polvo en el aire, “porque estamos limpiando la casa”. En la pérdida sólo queda la porosidad de las palabras que se traducen en un asqueroso cinismo.

No dejamos de coincidir con Sergio González Rodríguez, de que en México las autoridades incumplen y vulneran preceptos constitucionales, incluso desde sus propuestas de reformas jurídicas, con la complicidad del poder legislativo.

Por cierto, el autor de este magnífico documento no recurrió a la ficción, ni a la entrevista “para pasar a la historia” —con la Tuta, por ejemplo—, sencillamente porque los asuntos que contiene Campo de guerra agreden nuestra dignidad, anhelos e ilusiones y con ello nuestro ser se va diluyendo de manera dramática.

Escribe el Premio Casa América Catalunya a la Libertad de Expresión 2013, que las organizaciones en pro de la paz en el mundo, requieren mucho más de lo que proyectan para el futuro, “pues urge conocimiento y crítica de la realidad, sus inercias y funcionamiento profundo más completos”.

Quien fuera el coeditor del suplemento que hizo época en los noventa, El Ángel del periódico Reforma, reflexiona al final de Campo de guerra: “La humanidad nunca supo tanto, como ahora, sobre la naturaleza y la composición del cosmos, y jamás estuvo más lejos de las estrellas que en el presente”.