CIENCIA
El 30 de abril de 2015
René Anaya
El 30 de abril, la nave espacial Messenger concluyó su misión espacial tal como fue programada, se estrelló contra la superficie de Mercurio, a 14 080 kilómetros por hora, después de casi 11 años de haber iniciado su largo viaje hacia el planeta más cercano al Sistema Solar.
Los científicos de la NASA determinaron que la nave, ya sin combustible, se impactara en un sitio específico de Mercurio, en lugar de esperar a que fuese perdiendo altura y cayera descontroladamente en un lugar impreciso del planeta. Así terminó la misión del mensajero espacial que ha proporcionado numerosa información sobre ese planeta.
Un Mensajero bien equipado
El 3 de agosto de 2004, la sonda espacial Messenger, acrónimo de Superficie, Ambiente Espacial, Geoquímica y Medición de Mercurio (Mercury Surface, Space ENvironment, GEochemistry and Ranging, en inglés), de 485 kilogramos, fue lanzada desde Cabo Cañaveral rumbo a Mercurio, en una larga travesía de 7 mil 900 kilómetros, que incluyó 15 vueltas al Sol y sobrevuelos a la Tierra (una vez), a Venus (dos veces) y a Mercurio (tres veces), antes de ponerse en órbita de Mercurio, el 18 de marzo de 2011.
Ese largo recorrido lo realizó con únicamente 600 kilogramos de propelentes, es decir combustibles y comburentes (sustancias que contribuyen o aceleran la combustión) que producen grandes cantidades de energía calorífica, con un plan de vuelo que le permitió aprovechar eficientemente esa energía.
Para proteger a los equipos de la radiación solar directa, se diseñó una pantalla de cerámica, muy reflectante. “La cara del escudo soportó temperaturas superiores a los 300° Celsius, de tal forma que los aparatos operaran siempre a unos 20° C. Esta tecnología fue clave en los buenos resultados de la misión, aseguró Helene Winters, jefa del Proyecto en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins.
También se contó con paneles solares duales que brindaron energía suficiente para no recalentarse en la órbita alrededor de Mercurio; así como espectrómetros de partículas energéticas, de rayos X y de rayos gamma, entre otros equipos.
Para enviar toda la información, se crearon antenas de telemetría, basadas en un dispositivo militar, que permitieron transmitir más de 10 terabytes de datos científicos del Messenger a la Tierra. Asimismo, se diseñó el software SciBox para planificar optimizar y generar secuencias de comandos para hacer observaciones con varios instrumentos.
Mercurio, un mundo fascinante
Además, se utilizó la cámara con sistema de imagen dual (MDIS, por sus siglas en inglés), que obtuvo más de 280 mil fotografías; con el altímetro laser (MLA, por sus siglas en inglés se realizó un mapa tridimensional. Con todo ese equipo “por primera vez en la historia tenemos conocimiento real de Mercurio, mostrando que es un mundo fascinante de nuestro diverso Sistema Solar”, aseguró John Grunsfeld, director adjunto de la NASA.
Ahora se han logrado desvelar muchos de los secretos del planeta, pues en el largo camino a Mercurio y en las 4 mil 105 vueltas que dio alrededor del planeta, el Messenger pudo determinar que su campo magnético interno está desviado del centro del planeta; asimismo, se descubrió que algunos de los abundantes cráteres del planeta tienen grupos de pozos irregulares que van de cientos de metros a varios kilómetros, rodeados de un material que desvía la luz (refracción).
También se conoce que tiene altas concentraciones de magnesio, silicio, aluminio y calcio, lo que parece demostrar que en su superficie no predomina el feldespato, como sí ocurre con el suelo lunar. Otro hallazgo es la abundancia de elementos volátiles, como potasio, cloro y torio; además se detectaron grandes cantidades de azufre, lo que confirmaría la naturaleza volcánica de Mercurio, muy diferente a la de la Luna, satélite con el que se le comparaba por la aridez y profusión de cráteres.
El Messenger logró desentrañar el misterio de las ráfagas de energía de la magnetosfera de Mercurio, ahora se sabe que son electrones y no iones. Pero lo más sorprendente fue confirmar que en las regiones polares hay abundancia de hielo, tanto así que si se extendiera en una superficie del tamaño del Distrito Federal (1 495 km2) tendría un grosor de más de tres kilómetros. Esa capa de hielo está cubierta por un material orgánico oscuro, que puede ser polvo de carbón procedente de los cometas cercanos al Sol.
Estos son algunos de los datos de este planeta fascinante, pero aún falta por analizar mucha más información recabada por Messenger, uno de los proyectos espaciales más exitosos de los Estados Unidos.
reneanaya2000@gmail.com
f/René Anaya Periodista Científico
