La vida diaria ha hecho que resulte casi imposible dormir 8 horas diarias como lo recomiendan los médicos. Atender las necesidades familiares, salir temprano para poder transportarse sin tantos problemas son el pan de todos los días, pero que tiene serias repercusiones en la calidad de vida y en la salud de nuestro organismo y que se reflejan en una piel roja y áspera, con poros abiertos, más hambre y una mayor tendencia a la ira.
Sarah Chalmers, reportera del Daily Mail, realizó un experimento durante cinco días para ver los efectos. Así se cometió a una privación controlada de sueño en una primera fase, donde solo dormía 4 horas. Al principio no tuvo problemas pero durante el transcurso del día se empezó a sentir más olvidadiza y perdía el hilo de las ideas. Alrededor de las tres de la tarde le empezaba a doler la cabeza como si tuviera una resaca.
El especialista de la Escuela del Sueño de Gran Bretaña, Guy Meadows explica que luego de las cuatro horas de sueño al principio el cuerpo está alerta pero con el transcurrir de las horas la situación cambia. A nivel estético los resultados fueron que la cara de la periodista se volvió más roja de lo habitual, sus poros se abrieron y su piel se volvió más áspera.
En la segunda parte del experimento Chalmers durmió 6 horas — de las 11 de la noche a las 5 de la mañana— y los resultados ya fueron preocupantes a nivel fisiológico puesto que aumentó considerablemente su apetito, particularmente por alimentos dulces además de que experimentó más tristeza, irritación e ira.
Su cara perdió brillo y se volvió más áspera, ya que según el experto, hay un aumento masivo de cortisol — sustancia descompone el colágeno y la elastina, proteínas que mantienen la piel suave—; desarrolló más arrugas y ojeras, sus ojos se hincharon, sus poros aumentaron al doble y las zonas rojas aumentaron en un 50 por ciento puesto que “la piel perdió su capacidad de recuperarse a sí misma”.
Información ABC España
