La torrencial lluvia que cayó la tarde del 12 de mayo en el DF, deslució, pero no aguó, la fiesta de la presentación del libro Oyendo a Verdi de Rafael Solana. Conspiró en contra que fue en la Delegación Miguel Hidalgo, en Parque Lira 94, y en el Recinto Cultural ex Capilla de Guadalupe, de laberíntica llegada. Y hasta ahí las dificultades. El interior de la capilla, hermoso. El escenario magnífico, en una mesita, cerca del público, con una lámpara para iluminar la lectura de tres fragmentos del libro presentado, en las voces del actor Francisco Mondragón, de la actriz Dolores Solana, sobrina de Don Rafael, y del primer actor Salvador Nájar. Dos de esas lecturas fueron al inicio, la última casi al final. El público pudo escuchar la prosa elegante, clásica, fluida y conversacional sin dejar de ser erudita, de esta biografía. Antes, la obertura de La Traviata interpretada por el pianista Luis Hernández.

            La presentación del libro corrió por cuenta de Claudio R. Delgado, Carmen Galindo y Magdalena Galindo. Se destacó que Solana fue lo que se dice un polígrafo, en el sentido de que practicó todos los géneros literarios: poesía, cuento, novela, teatro, ensayo, crítica, periodismo y, como en Oyendo a Verdi, biografía. Se señaló que los comentarios de Solana provenían de una experiencia, de haber precisamente escuchado a Verdi, de los que se ha llamado la crítica impresionista, subjetiva, y que alguien resumió en que es el encuentro de dos sensibilidades, la del compositor y la del que escucha, sólo que estos juicios están sustentados en una amplia bibliografía en italiano, alemán y francés, idiomas que Solana dominaba. Para Solana, Verdi pertenecía al movimiento Romántico, y era popular, por lo menos en dos sentidos, en que buscaba agradar al público y en que lo lograba.

            La soprano Andrea Cortés Moreno y el tenor Josué Hernández, siempre acompañados por el pianista Luis Hernández, fueron intercalando entre las palabras de los comentaristas, nada menos que La donna e móbile, de La Traviata, y Va, pensiero, sull’ ali dorate. Al final, acompañados por las palmas y las voces del público, cantó todo mundo, como prueba de la popularidad de Verdi, Il Brindisi de la Traviata. Dos hermosos arreglos florales que adornaban el recinto fueron entregados a los comentaristas y a los cantantes. Todo con motivo de que este año se cumple el centenario de Rafael Solana. Un emotivo acto, poco público. (S. R.)