¿Por qué no lo consignan?
Félix Fuentes
De Marcelo Ebrard se ha dicho y escrito prácticamente todo. Sus tenaces críticos le niegan calidad de político y lo llaman oportunista.
Se supone que estuvo afiliado al PRI durante su primer trabajo, de secretario de Gobierno con Manuel Camacho Solís, en el Departamento del Distrito Federal.
Durante el régimen de Salinas de Gortari, trascendieron manejos bajo sospecha de Ebrard, relacionados con cobros a la Policía Auxiliar.
En enero de 1992 llegó al Zócalo la caminata de mil kilómetros de López Obrador, procedente de Tabasco. Con cinco mil seguidores instaló un plantón y lo levantó cuando recibió una elevada cantidad de Ebrard. No lo ha negado el terco aspirante presidencial, pero condena a los corruptos y habla de “honestidá”.
En aquellos días trabaron amistad Ebrard y López Obrador. Así se explica por qué, cuando el tabasqueño logró la Jefatura de Gobierno, Marcelo fue nombrado secretario de Seguridad Pública. Amor con amor, pagado.
Ebrard saltó a las filas perredistas y se hizo tan amigo del tabasqueño que éste lo ayudó a ser jefe de Gobierno capitalino.
López Obrador y Ebrard hicieron un pacto fantástico: que el primero sería presidente de la república y lo seguiría el otro, como si en política fuesen respetados los pactos.
López Obrador perdió, pero sigue empeñado en gobernar México, ahora con Morena. Y Ebrard le importa un cacahuate.
Marcelo creyó otra fantasía: que tiene dones para gobernar la república y lo apoyaría Miguel Ángel Mancera, a quien hizo procurador de Justicia del DF.
Ciertos vendeplumas han hecho creer a Mancera que tiene estatura para presidente y es “candidato obligado”. En el colmo de los colmos ya lo proclamó como tal el locuaz líder del PRD, Carlos Navarrete.
Puede ser que Mancera guarde cierto agradecimiento a su antecesor y, por ello, no apresura la consignación del autor de la “línea dorada”, el gran fiasco del Metro.
Marcelo es señalado principal responsable de los cuantiosos fraudes de la línea 12. Aparte de los trastornos causados a millones de usuarios, los latrocinios pasan de 10 mil millones de pesos y la famosa “dorada” queda en el abandono.
Nadie cree a Ebrard que rente un departamento y disponga de 80 mil pesos al mes para vivir. Es otro nuevo millonario de México, gracias a sus manejos de gobierno.
Temeroso de terminar en la cárcel, el exjefe de Gobierno buscó, desesperado, el fuero legislativo.
A maniobra tan cínica se prestó el Instituto Nacional Electoral (INE) al autorizar a Ebrard el registro de diputado propietario en el Movimiento Ciudadano, lo cual rechazó el Tribunal Electoral.
Sin embargo, el INE otorgó un segundo registro a Ebrard, de diputado suplente en el mismo partidito, y el Tribunal Electoral volvió a cancelarlo, por unanimidad de votos.
La segunda pretensión fue calificada de chicanada por el dirigente perredista, Carlos Navarrete. No descubrió el hilo negro. Marcelo ha sido eso de siempre, y recurrió a otro de su nivel, el expriista Dante Delgado, dueño del Movimiento Ciudadano.
Lo inexplicable es que el jefe de Gobierno capitalino, Mancera, no lo consigne por los fraudes de la “línea dorada”.
