Las elecciones hoy

René Avilés Fabila

El sistema político mexicano parece no tener remedio: día tras día se envilece más. Es una caída libre en un pozo sin fondo. Ningún partido se salva, todos muestran su escasa decencia y su total inmoralidad. En las calles los ciudadanos dudan entre ir a votar o quedarse en casa. Están decepcionados. Los más sensatos y corajudos piensan que debemos acudir a las urnas y votar en blanco. Pero todos sabemos que con un puñado de votos, por pocos que sean, los candidatos ocuparán los cargos que ambiciona.

El proceso es un torneo de inmoralidad, las acusaciones y respuestas combaten por ser más agresivas y vulgares. No pasa un par de horas sin que aparezca una nueva acusación de un partido a otro, de un candidato a sus rivales. López Obrador, con su habitual cinismo, hace campaña para su candidatura presidencial de 1918. Si bien es de escasas luces teóricas, su pragmatismo le permite saber qué decir, por simple que sea. Tiene a la mano la acción turbia, mentirosa, la oferta que a todos es capaz de satisfacer de tan general y desmesurada que resulta.

Los demás no están mejor. Todo se reduce a una frase vaga, muy sencilla que deslumbra de tan tonta que es. La corrupción, que nadie desconoce y la inmensa mayoría de los mexicanos practica en diversos niveles, es el mal principal. La demagogia, la promesa fácil y la solución que nos salvará de las garras de la total ruina es lo que prevalece junto a las ofensas y las descalificaciones. Partidos sin ética recorren el país engañando bobos.

Sin embargo, no tenemos otro camino que ir a las urnas y esperar un milagro en un país que muestra su desconcierto entre la ineptitud que lo conduce y el cínico actuar de partidos políticos. Los medios de comunicación y las redes sociales cooperan al caos y al desorden: tergiversan, actúan con frivolidad y amarillismo, engañan con facilidad y en nada contribuyen a mejorar el ambiente. Los intelectuales y los académicos en lugar de contribuir a sanear al país se han puesto al servicio de un partido político o algo peor, a las órdenes de un caudillo demencial como AMLO. Como nunca, el ciudadano muestra su desconcierto ante las frecuentes avalanchas de lodo que nos ahogan. Hoy es alguien del PAN, en diez minutos un perredista es señalado como un total corrupto, de nuevo el Verde Ecologista muestra el cinismo de su actuación y los demás partidos en mayor o menor escala siguen en la misma actitud, engañar y garantizar su presencia en los puntos neurálgicos de mando.

Con algún rigor, el mexicano es un Estado fallido, no hay día que no muestre que su sistema político hace agua. Con frecuencia, dentro de un sistema presidencialista incapaz de poner un poco de orden en la nación, los ciudadanos hacen responsable al presidente de la república, y puede ser, pero funcionarios, políticos y medios de comunicación ponen toneladas de granos para deteriorar más y más la imagen del país. Si así están las cosas en estos días de odiosas luchas electorales, es fácil imaginar cómo será el país con una nueva camada de políticos corruptos y mal preparados que van con todas sus mañas en pos de la presidencia de México.

 

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