Saludable, suspender evaluación docente

Humberto Musacchio

En forma sorpresiva, la Secretaría de Educación Pública decidió suspender el proceso de evaluación para el ingreso, la promoción y la permanencia del personal docente, lo que ha suscitado un desgarramiento de vestiduras de membretazos como Educación y Ciudadanía, Hacia una Cultura Democrática, un presunto Consejo Mexicano de Investigación Educativa o la fantasmagórica Fundación para la Cultura del Maestro.

Por supuesto, al coro de la derecha doliente se han unido la infaltable Coparmex, el PAN y Mexicanos PRImero, apéndice de la empresa televisora que por las tardes echa abajo aquello que la escuela construye en las mañanas. En tan santa cofradía no podían faltar representantes del PRD, partido que ya perdió gran parte de sus militantes, de su electorado y de la vergüenza.

Tan selecto conjunto pide airadamente la renuncia del secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, y ya en plan retador, para que se vea quién manda en el país, le dieron a Enrique Peña Nieto hasta el 8 de julio para revertir la medida: “Nuestro más enérgico llamado a la autoridad para que se respete la Reforma (olé por la mayúscula), no se invadan ni se limiten extralegalmente las atribuciones normativas del INEE y se informe que oficialmente se retira” —la suspensión—, “lo cual no debe pasar del día 8 de junio del presente año”.

Desde luego los burócratas del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, organismo oficial, ven en peligro sus chambas y se han unido a las plañideras que lloran por el cadáver suspendido, pues saben o intuyen que el fracaso de la tan cacareada reforma es el primer paso para su sepelio definitivo, esperado desde que todos los partidos, con una irresponsabilidad del tamaño de sus canonjías, aprobaron la esperpéntica reforma sin pedir opinión a quienes habrían de aplicarla, que son precisamente los profesores.

Para todos es obvio que el sistema educativo requiere cambios de fondo, pero considerar que todo el problema se reduce a las deficiencias de los mentores es engañar a la sociedad mexicana. Esos maestros fueron formados, en su inmensa mayoría, en escuelas normales del Estado. Si esa formación resultó insuficiente o defectuosa es un problema que el gobierno de hoy debe resolver sin pisotear derechos ni engañar a la opinión pública con bravatas, como ésa de que la SEP va a sustituir cada año a 150 mil profesores. ¡Por favor!

Suspender la aplicación de la malhadada reforma es una decisión que, más allá de sus objetivos electorales, resulta saludable para replantearse objetivos, formas y caminos para atacar, junto con los profesores y nunca sin ellos, las deficiencias de todo el sistema, en buena medida derivadas de la pobreza que agobia a la mayoría de la población. El problema no son los maestros. Ellos, como los alumnos, son las víctimas de más de medio siglo de abandono, de sindicalismo charro, sobreexplotación y burocratismo. Y todavía se sorprenden por la rebeldía magisterial…