Se necesita iluminación divina

 

René Avilés Fabila

 En los tiempos de Adolfo López Mateos, comencé a observar el mundo que me rodeaba más allá de las calles y jardines donde jugaba. Los días electorales, en tiempos en que no había tantos partidos políticos como hoy, algunos de mis familiares adultos reflexionaban en un ejercicio que me era extraño y ahora me parece tonto. Mi abuelo había sido mayor de las tropas de Carranza.

Conservo algunas fotografías de él a caballo. Desde luego, votaba por el PRI, al que veía como lógico resultado de la Revolución Mexicana. No lo pensaba mucho, iba, según decía en su calidad de patriarca, y marcaba a los priistas. Uno de sus hermanos era antropólogo y militaba en el Partido Comunista, el que carecía de registro y era perseguido y sus activistas encarcelados. Así que no acudía a las urnas. La tía Alicia era católica y su conducta de monja la llevaba a votar por el PAN, el que parecía un partido decente, de católicos irreprochables.

Pero tenía un tío que se consideraba de izquierda y desde luego simpatizaba con Vicente Lombardo Toledano, un personaje extraordinario y muy polémico, dueño de una cultura insuperable y por cierto uno de los colaboradores y fundadores de esta prestigiada revista. El marxista, que aún le veía posibilidades a la Revolución Mexicana y consecuentemente de transitar al socialismo, creó instituciones como la CTM , la CTAL, la Universidad Obrera y el Partido Popular, que llegó a tener alguna presencia destacada. Lombardo había sido un intelectual cercano al general Cárdenas en los momentos de la expropiación petrolera.

Obviamente mi tío votaba por los candidatos del PP, pero iba más lejos y reflexionaba: me parece que para diputado el mejor es equis, y lo elegía.

Ahora nos invitan, los sectores más sensatos, a hacer un ejercicio semejante dado el desprestigio que padecen todos los partidos políticos. Entonces debemos votar por alguien del PRI para presidente, por un panista para delegado de Coyoacán y por un perredista para diputado…

El asunto es más complicado que simplemente hacer una selección azarosa e ir a las urnas. La polémica al respecto es confusa. Unos dicen no vayamos a las urnas o vayamos y anulemos todas las posibilidades. Unos más dicen que de cualquier forma uno u otros partidos ganarán y entonces ya no sabemos qué hacer.

Algunos de los partidos que coloquialmente la ciudadanía llama pequeños o morralla para sobrevivir se han sumado a cualquiera de los más fuertes, PRI, PAN o PRD. De este modo vemos basura del Verde Ecologista, del PT o de Movimiento Ciudadano o de Morena…

¿Pero cómo hacer la selección si ninguno de ellos tiene en realidad un programa o una ideología clara? Lo que vemos y escuchamos son insultos, majaderías y propuestas tan vagas que son imposibles de considerar. Para colmo, al carecer de ideas y certezas políticas, los candidatos basan todo en su nombre de pila y en alguna vaguedad. En Tlalpan, mi dilema es votar por Betty o por Betty, una es del PRI y la otra del PRD. En las fotos, bendito sea el Photoshop, se ven encantadoras. Ignoro de dónde vienen, qué estudiaron, cuáles son sus proyectos de trabajo y cuál su ideología.

Un amigo mío que fue perredista, luego de allí saltó con López Obrador a Morena, ahora se ve confundido. No está allí un izquierdista serio y culto, sino un hombre autoritario y tan sólo enamorado del poder desde que estaba en el PRI, luego en el PRD y ahora en Morena, organismo basado en su simple y discutible personalidad.

En venganza, me dice mi vecino, que votará por todos los candidatos del PRI, y el cura de una iglesia en la Benito Juárez me explicó que él es católico y gente de bien y votará únicamente por los candidatos del PAN.

Los que explican que no tiene sentido dejar el voto en aquéllos que tienen ya intereses muy particulares tienen razón. Pero los que dicen que no debemos acudir a las urnas también tienen razón porque no podemos seguir avalando el actual sistema de partidos, el que además pagamos con dineros públicos que bien servirían para que el magisterio recobrara la dignidad, suenan igualmente razonables.

¿Qué hacer en esta compleja situación? No creo que mucho. Yo mismo todavía no sé qué hacer. Sé que debo ir a las urnas, que no hay otra alternativa, pero una vez ante ellas, ¿qué demonios hago, por cuál de todos los incapaces y pillos votaré? Necesito algo de iluminación divina.

Cuando aparezca este artículo, millones de mexicanos estaremos ante las urnas perplejos, sin saber qué hacer con las boletas que generosamente nos dieron y las que muchos pares de ojos observan con sentido inquisitorial.

 

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