Reñidas elecciones anticipadas

René Avilés Fabila

 Realmente nada ocurrió fuera de lo previsto. El país vivió la jornada electoral sin mayores problemas. Del número previsto de casillas electorales, un porcentaje muy elevado fue instalado y en consecuencia los atracos de la CENTE apenas afectaron la elección. Un puñado de casillas y papelería destruida, amenazas y más amenazas, básicamente en Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas, estas últimas en número mínimo.

En la muy disputada Ciudad de México, pocos cambios para la llamada izquierda: entre el PRD y las huestes de López Obrador se distribuyeron el pastel. Miguel Hidalgo regresó a manos del PAN, e Iztapalapa, la más numerosa de las delegaciones, fue para el PRD. A escala nacional, el PRI obtuvo el mayor número de diputaciones, será la primera minoría. Vale la pena señalar que la votación no fue copiosa, ni problemática, pero mayor a la que se esperaba en elecciones intermedias. Fue de 48% contra 40% el esperado.

En pocas palabras, triunfó la partidocracia y así el sistema como lo conocemos queda intacto. El eterno gatopardismo: todo sufre modificaciones para quedar igual.

Ahora seguimos padeciendo lamentaciones y reclamos. Morena se lleva las palmas: los demás partidos y el mal gobierno son culpables y México sólo se salvará cuando en Los Pinos viva López Obrador, quien fue superado en violencia por la CNTE.

Vale la pena detenerse un poco en este punto. Esa facción de maestros hicieron, gracias a la cobardía del gobierno federal, una guerrilla urbana activa y eficaz: golpea aquí y allá, se extiende a estados distintos, bloquea carreteras, quema edificios públicos, papelería oficial, ataca cuarteles militares, golpea a sus opositores, actúan armados con palos, tubos y cocteles Molotov mientras el Estado dice que debe negociar. ¿Y las leyes? Los medios piden no dureza sino respeto a las leyes y a las mayorías, pero el temor ha paralizado a los funcionarios de primer nivel y en general a los políticos.

En este contexto, López Obrador y el Verde Ecologista rompen leyes, violan normas a placer, actúan como les viene en gana, mientras que el INE dice que las cosas marchan bien y en calma.

Como sea, el proceso electoral triunfó. El malestar se observa en las redes sociales las que no llegan a penetrar profundamente. Es momento de detenerse y con inteligencia y sensatez ver cómo va México, qué debe ser modificado. El INE, por ejemplo, es un desastre y lo es porque lo crearon los propios partidos y lo edificaron a su manera, siguiendo sus propios intereses y no los de la nación. La política ha pervertido la nación. A Peña Nieto le quedan tres años para mostrar que es capaz de modificar las instituciones que nos frenan, que puede quitarle el poder a los partidos y dárselo a la sociedad. No es fácil, pero es posible conseguirlo o al menos poner las bases. De lo contrario, los guerrilleros urbanos de la CNTE crecerán e impondrán la violencia. Eso no asusta, lo que da terror es que carecen de una cultura política seria y para colmo no tienen una gota de ideología. Los mueve el vandalismo y el amor por la ignorancia.

 

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