CIENCIA
Podría equivaler a una huella dactilar
René Anaya
Si bien es cierto que continúan siendo válidas las diferentes clasificaciones que se han creado para identificar las células, también lo es que las recientes investigaciones biomédicas y genéticas han determinado que las células también se pueden clasificar de acuerdo con su origen genético.
Los nuevos descubrimientos científicos podrán contribuir a comprender mejor los procesos evolutivos, desde los organismos primigenios hasta los actuales de los reinos animal, vegetal y fungi (hongos), pues rastrean la huella molecular de cada célula.
De las células anteriores a las buenas
Tradicionalmente se considera que la célula es la unidad mínima anatómica y fisiológica de un organismo, que puede realizar las funciones vitales de crecer, desarrollarse y reproducirse. Estrictamente, el concepto es válido, pero a la luz de los nuevos conocimientos de la biología molecular y la genética, se ha propuesto definir la célula como un organismo en el que las acciones concertadas de los genes producen proteínas que, junto a otras moléculas, conforman estructuras que le permiten crecer, reproducirse, responder a estímulos y comunicarse con su entorno.
Ambas definiciones caracterizan a las células, pero también se les ha dividido en dos tipos: procariotas y eucariotas. Las procariotas (del griego pro: antes y karion: nuez, que por extensión es núcleo) carecen de núcleo, su ácido desoxirribonucleico (ADN) se encuentra disperso en distintas regiones llamadas nucleoides, sin membranas. Se considera que son las más antiguas, que surgieron hace 3.5 millones de años; a su vez se dividen en arqueobacterias, como las que se encuentran en medios extremos (por ejemplo: manantiales sulfurosos calientes y aguas de salinidad elevada) y bacterias.
Las eucariotas (del griego eu: bien, bueno y karion: nuez) buen núcleo, tiene su ADN dentro del núcleo y tienen otros orgánulos u organelos (estructuras dentro de la célula) como mitocondrias, cloroplastos, aparato de Golgi y retículo endoplásmico, con funciones determinadas. Los animales, vegetales y hongos están formados por este tipo de células.
También se les ha clasificado por el juego de cromosomas que tienen: haploide, con un juego; diploide, con dos. Otra clasificación es por su forma: planas (células de la piel y esófago), cúbicas (hígado y riñón), cilíndricas (estómago, intestino), esféricas (óvulos, linfocitos), con ramificaciones (neuronas), alargadas (músculo), biconvexas (glóbulos rojos) y otras más; conviene añadir que muchas veces su forma está condicionada por la función que desempeña dentro del organismo.
La nueva clasificación
La nueva clasificación que apenas se está estructurando no está reñida con las anteriores, por el contrario, podría decirse que las complementan y mejoran, pues las células son caracterizadas por la estructura que tienen. “Antes las células se definían por uno o dos marcadores. Ahora podemos decir cuál es la serie completa de genes que se expresan en esas células”, ha afirmado Sten Linnarson, del Instituto Karolinska de Suecia, uno de los investigadores que trabaja en las nuevas técnicas de clasificación de las células.
El método de Linnarson consiste en catalogar las moléculas del ácido ribonucleico mensajero (ARNm) dentro de una célula. Ese ARNm es el código genético o mensaje que envía el núcleo para fabricar proteínas, de tal forma que la identificación de los ARNm de las células permite hacer un perfil de los genes celulares, lo que podría equivaler a una huella dactilar, pues refleja su actividad molecular.
Por su parte, Stephen Quake, de la Universidad de Stanford, de Estados Unidos, ha publicado una lista de 466 células cerebrales individuales, que son el primer paso para lograr un atlas celular completo del cerebro, ha referido el investigador.
Entre tanto, Aviv Regev, bióloga computacional del Instituto Broad del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Harvard, de Estados Unidos, está empleando avances recientes en genómica de células para estudiar las células de manera individual.
Con base en estos avances, Eric Lander, director del Instituto Broad ha advertido: “Creo que dentro de dos años estaremos en una situación en la que sería una locura no contar con [un proyecto nacional o internacional de genómica de células]. Si contáramos con una tabla periódica de las células podríamos averiguar, por decirlo así, la composición atómica de cualquier muestra dada”.
Ése sería un gran avance para saber de qué estamos hechos, pero también tendría aplicaciones prácticas, pues se podrían diseñar medicamentos para células específicas, tratamientos contra el cáncer, se tendría una mejor comprensión de las funciones de las células madre y se avanzaría en el desarrollo de tejidos para trasplantes, entre otros usos biomédicos.
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f/René Anaya Periodista Científico
