El PRI continúa con el “tapadismo”

Alfredo Ríos Camarena

 

Sólo faltan algunas resoluciones del Tribual Electoral para que queden cerradas y resueltas las elecciones de este año; apenas han pasado unos días y la atención de analistas y políticos se centra tempraneramente en la sucesión presidencial; hay motivo para ello, ya que varios aspirantes ya levantaron la mano y manifestaron su interés.

Lopez Obrador, desde la creación de Morena, donde su liderazgo es hegemónico, unipersonal y casi mesiánico, se ha presentado como una opción por tercera vez consecutiva con un importante reservorio de votos, pero sin alianza con otros grupos no tendrá ninguna posibilidad que le alcance; por eso, el PRD, a pesar de su derrota electoral sigue siendo la tercera fuerza política estadísticamente y ya coquetea con Miguel Ángel Mancera, para su probable candidatura.

La señora Margarita Zavala de Calderón, a quien la opinión publica le reconoce una trayectoria limpia y una actitud digna y respetable cuando fue primera dama, ya manifestó su deseo; se habla de que incluso puede ser una buena candidata independiente. La realidad es que el PAN se dividiría aún más, pues a esa misma posición aspiran el gobernador de Puebla Rafael Moreno Valle y el próximo líder de la bancada de diputados panistas Gustavo Madero.

En la pasada elección surge también —emanada de la reforma constitucional— la posibilidad real de candidatos independientes, como vimos en Nuevo León con el candidato a gobernador, en Jalisco con un joven candidato a diputado local, en Michoacán con la presidencia municipal de Morelia. Esta nueva figura hará aún más disperso el voto ciudadano y, como consecuencia natural, los porcentajes para alcanzar los puestos de elección popular se reducirán. Con todo esto, para llegar a la Presidencial de la República bastará un 30% de los votos, que ya no será del 47% de la lista nominal, sino cerca del 70%, por el interés de estos comicios.

En este escenario el PRI —en coalición con sus aliados el PVEM y el Panal— podría ganar nuevamente la Presidencia de la República; pero, para que esto suceda el presidente Peña Nieto tiene que recuperar prestigio y popularidad, donde será clave el nombramiento del próximo presidente del PRI y los probables ajustes que pudieran realizarse en el gabinete, que por razones de disciplina interna no pueden surgir a la opinión pública como abiertos precandidatos. Al respecto, Osorio Chong declaró “sobre la pregunta directa lo hago con mucha responsabilidad, falta mucho tiempo, y las y los mexicanos merecen bienestar y desarrollo para servirles de mejor manera… Creo que no debe caber en alguien que esté en este momento en el gobierno de la república hacer una manifestación al respecto. Yo creo que debemos seguir trabajando y entregar buenos resultados”. Está claro que el jefe del gabinete, aun cuando sus explicaciones y lenguaje no son brillantes, ordena que las leyes del tapadismo sigan siendo válidas para este gobierno, de acuerdo con la lógica priista. Sin embargo, si las condiciones de este empedrado camino hacia 2018 se siguen complicando, el PRI se vería obligado a dejar atrás su paradigma partidario y tener que abrir paso a varios jugadores de su estructura para construir una candidatura presidencial representativa y sólida.