En las calles de Morelia
Teodoro Barajas Rodríguez
Los saldos de la inseguridad no dejan de contarse, resultan múltiples, cotidianos, sucesos que se reiteran hasta la saciedad para engendrar pánico. Muchas ciudades de nuestro país alcanzan registros escalofriantes, regularmente los gobiernos dan a conocer estadísticas engañosas porque mucha gente agraviada no presenta la denuncia penal correspondiente ante la agencia del ministerio público, han sido robados, lesionados o víctimas de un acto fatal en su familia, no acuden ante las instancias porque hace mucho perdieron la fe y la paciencia.
Michoacán no deja de ser noticia por situaciones derivadas del crimen, emboscadas, secuestros, asaltos a mano armada, basta acudir a las hemerotecas, leer los diarios o escuchar noticiarios para percatarnos cómo el peso brutal de la realidad desmiente categóricamente a las autoridades.
No nos referimos a lo que ocurría hace no mucho tiempo con la conformación de los grupos de autodefensas; no, el asunto es lo cotidiano en las calles de Morelia.
En diversas latitudes de nuestro país ya el hartazgo, la desilusión junto a la impotencia han sido caldo de cultivo para invocar la antigua ley del Talión, el argumento de Fuenteovejuna vuelve para aplicar una especie de “justicia retributiva”, ojo por ojo diente por diente con el riesgo de quedar ciegos y desdentados.
Cada vez son más abundantes las imágenes de linchamientos, una muchedumbre enfurecida arremete contra los presuntos malhechores, en algunos casos la policía alcanzó a intervenir para evitar con ello una o varias ejecuciones sin procedimiento legal de por medio, resulta sintomático el hecho como indeseable porque con ello se anula la razón para dar paso a una manifestación tribal de enfado.
La narrativa diaria en Morelia ha sido violenta, este lunes 22 por la mañana ejecutaron a una joven en el interior de su auto, los asaltos y extorsiones no han sido desterrados.
Hace menos de una semana nos tocó enlistarnos en las estadísticas del crimen, una de tantas historias que dan cuenta de la accidentada realidad, un par de jóvenes ingresaron en un establecimiento comercial de la colonia Agustín Arriaga Rivera de Morelia, exigieron las llaves del auto, mi cartera y el teléfono celular al momento en que uno de ellos apuntaba a mi cabeza con un arma de fuego tipo escuadra, al recibir lo que demandaron se marcharon, el tendero estaba sumamente angustiado, esperé unos minutos, al salir pasaba por el sitio una patrulla de Fuerza Ciudadana.
Una vez que pude hablar con el efectivo policiaco y le expliqué que había sufrido un asalto, dijo que lo comunicaría mediante su radio, no me consta que lo haya realizado porque sólo me dijo que fuera ante la Procuraduría General de Justicia para presentar mi denuncia y se marchó. Me quedé entonces a mitad de la calle en la noche, sin auto, dinero ni teléfono. Me pregunté ¿quién de los mandos de policía de Michoacán dijo hace unos meses que la delincuencia había disminuido en un 92 por ciento? Entonces lancé un exabrupto en soledad.
